Reseña Seminario Interdiciplinado: La implementación de la Agenda de Desarrollo 2030 En México

Elaborado por: Victoria Aguilar

El 14 de mayo del presente se llevó a cabo un Seminario multidisciplinario en la Facultad de Economía de la UNAM, en cual diversos expertos presentaron brevemente los esfuerzos, logros y retos que ha tenido México para implementar de forma eficiente la Agenda 2030 como parte de su política nacional.

Antes de comenzar con los resultados presentados en dicha ponencia es pertinente mencionar algunos antecedentes acerca de cómo México ha participado desde la concepción de dicha Agenda y las acciones que ha llevado a cabo desde que se sumó a la iniciativa de cumplir con los ODS.

Participación de México

El Gobierno mexicano avaló y apoyó el proceso de conformación de la Agenda del Desarrollo Post-2015 de forma activa, de múltiples maneras y mediante diversas plataformas, organismos internacionales y foros. Junto con la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Gobierno realizó consultas con representantes de la sociedad civil en temas específicos que arrojaron importantes insumos para un mejor diagnóstico sobre cómo poder implementar la Agenda.

Más allá de la lucha contra la pobreza per se, factores como la inclusión, la reducción de brechas de desigualdad y la participación activa de grupos vulnerables

Se erigen como los elementos clave en los cuales México ha participado y aportado en el camino hacia la configuración de la Agenda.

En cuanto al seguimiento, se ha creado un Grupo de Trabajo para el Seguimiento Legislativo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que quedó formalmente instalado el 8 de septiembre de 2016. Se distingue que el papel del Poder Legislativo en el cumplimiento e implementación de los ODS es en:

  • Legislar
  • Aprobar presupuestos
  • Garantizar la rendición de cuentas
  • Vinculación con el electorado
  • Realizar exámenes periódicos sobre el avance y progreso nacional y sub-nacional

Asimismo, las modalidades de trabajo que este grupo maneja son:

  • Seminario de formación permanente junto con un autodiagnóstico de vacíos legislativos
  • Mesas de trabajo de Comisiones Unidas
  • Consultas con sociedad civil, sector privado, academia, gobiernos locales.

 

La Agenda y la Planeación Nacional del Desarrollo. Ing. Miguel López

Para que México logre implementar la Agenda 2030 es necesario que ésta se inserte en el marco del Plan Nacional de Desarrollo, por ello, el día 16 de febrero del año en curso se hizo una reforma a la Ley de Planeación[1], reforma que contempla a los tres pilares del desarrollo sostenible (social, económica y ambiental) además de alianzas entre los diversos niveles de gobierno ya que la puesta en marcha de la Agenda 2030 debe ser un proceso de planeación participativo con un enfoque integrado, transversal y coherente de políticas públicas.

Para que la estrategia nacional de México funcione deben definirse las líneas de acción, identificarse las políticas públicas clave y darles continuidad a éstas. Asimismo, dentro de esta estrategia es indispensable que las diversas dependencias de gobierno trabajen en conjunto y de forma transversal, pues no hay objetivos aislados y en cambio todos conectan en uno o varios tópicos.

Por último, se pretende que haya un fortalecimiento del vínculo programático presupuestal, esto es, que las líneas de operación de los programas vayan de acuerdo a las metas a cumplir, que se evalúe el impacto de estos programas y que con esto se construyan los indicadores que proporcionen la información necesaria para las políticas públicas que se implementen a futuro.

 

El papel del sector privado en los retos de desarrollo sostenible: Alianza por la Sustentabilidad. Mtro. Mario Morales

En el contexto de la Agenda 2030, la Cooperación Internacional para el Desarrollo ha incorporado actores no tradicionales; los países de renta media han desarrollado capacidades y experiencias que representan oportunidades para la Cooperación Sur-Sur y Triangular. Bajo esto, México tiene el reto de articular una cooperación dual que le permita avanzar en la Agenda 2030 así como ayudar a los países menos desarrollados a que alcancen esta meta.

Por otro lado, el sector privado tiene el compromiso de reorganizar sus actividades para asegurar la minimización de los efectos que tienen sus operaciones sobre el medio ambiente además de que se han propuesto apoyar las diversas iniciativas y proyectos de sostenibilidad para potenciar esfuerzos.

El papel del sector privado dentro de la Agenda 2030 es satisfacer las necesidades del mercado, pero de una manera sostenible. Hay cinco factores a considerar para lograr esta vinculación:

  • Bienestar: las empresas son el motor del crecimiento económico.
  • Contribución invaluable: la experiencia de las empresas para alcanzar los ODS.
  • ODS, un buen negocio: sensibilizar a las empresas y demostrar que los ODS pueden ser un buen negocio y una inversión social.
  • Agenda conjunta
  • Esfuerzo conjunto: reconocer que el desarrollo sostenible y sostenido requiere el esfuerzo de todos.

Por estas razones es que en mayo de 2016 surge la Alianza por la sostenibilidad, un prototipo de la AMEXCID para la vinculación con el sector privado. Ésta es una plataforma de colaboración con el sector privado para impulsar proyectos de sostenibilidad que atiendan la Agenda 2030.

Actualmente se encuentran trabajando con más de 50 empresas mexicanas e internacionales con presencia en México, líderes en materia de sostenibilidad, organismos y fundaciones empresariales.

Los trabajos se coordinan bajo cinco comités especializados: Energía Asequible y No Contaminante, Ciudades y Comunidades Sostenibles, Producción y Consumo Responsables, Inclusión Social y Educación. Cada uno de estos comités ha establecido un plan de trabajo en el período 2017-2018.

 

Conclusiones

Como podemos observar, con estas breves descripciones de algunas acciones que se están poniendo en marcha, México aún tiene múltiples retos que sortear para cumplir la meta a la que se comprometió cuando decidió ser parte de la implementación de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible.

Los esfuerzos deben ser conjuntos y a diversos niveles, en donde también exista un involucramiento importante de la sociedad civil, que las propuestas de diversos entes sean escuchadas y tomadas en cuenta y donde se dé continuidad a los proyectos previos.

Este último es uno de los compromisos más grandes que tendrá la próxima administración Federal, pues no debe dejar de lado los resultados y trabajos que ya se hacen para simplemente insertar los propios, sino que los proyectos que el nuevo gobierno tenga en mente deben adaptarse lo más posible a las actividades que ya se llevan a cabo.

Asimismo, es vital contar con indicadores confiables que permitan obtener información verificable y cuantificable sobre cuál ha sido el impacto real de las políticas públicas implementadas, qué factores han sido clave para dichos resultados y en qué hay que seguir trabajando para mejorar.

Por ello es importante un trabajo conjunto, a nivel multidisciplinario y transversal pues, como se mencionó antes, los ODS no están aislados uno de otro, sino que tienen metas en común y atraviesan diversos temas.

 

Fuentes de información

Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AMEXCID. Alianza por la Sostenibilidad. México. 2016. [En línea] Disponible en: https://www.gob.mx/amexcid/acciones-y-programas/alianza-por-la-sostenibilidad. Consultado el 18 de mayo de 2018.

Facultad de Economía. Seminario interdisciplinario. La implementación de la Agenda de Desarrollo 2030 en México. UNAM. CDMX. 14 de mayo de 2018.

Gobierno de la República e INEGI. Objetivos de Desarrollo Sostenible. México. 2018. [En línea] Disponible en: www.agenda2030.mx. Consulta 18 de mayo de 2018.

Secretaría de Gobernación. Decreto. Reforma a la Ley de Planeación. Diario Oficial de la Federación. 16 de febrero de 2018. México. [En línea] Displonible en: http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5513502&fecha=16/02/2018. Consulta 18 de mayo de 2018.

[1] Diario Oficial de la Federación. Decreto. México. 16 de febrero de 2018.

Reseña: Informe de Cooperación Sur-Sur en Iberoamérica 2017

Elaborado por: Victoria Aguilar

El pasado 26 de marzo del presente año se llevó a cabo, en la Secretaría de Relaciones Exteriores en la Ciudad de México, la presentación del décimo informe de la Secretaría General Iberoamericana acerca de la Cooperación Sur-Sur en Iberoamérica. El panel estuvo presidido por la Secretaria General Iberoamericana (SEGIB), Rebeca Grynspan y el Director Ejecutivo de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) , Agustín García López.

Paper1

E-paper

 

Feminismos, estudios de género y teoría queer, aportes para una clasificación integral

Por:  Dr. Edgar Ivan Zazueta Luzanilla*

 

La comprensión de la perspectiva feminista puede darse a través del análisis de diferentes períodos históricos, éstos los podemos clasificar en: primera ola del feminismo (movimiento de mujeres que surge en el siglo XVIII); segunda ola del feminismo (donde la lucha por el voto de la mujer y el libro de “El segundo Sexo” de Beauvoir, son los dos momentos más importantes) y, hay autores (Escobar, 2007; Elliot, 2009), que refieren una tercera ola del feminismo, a partir del surgimiento de la teoría queer (en la década de los ochenta y noventa).

Sin embargo; hay posturas que difieren de considerar a la teoría queer como una “evolución del feminismo”, tal es el caso de Cobo (2005) quien entiende el uso del género en esta teoría como una despolitización, y para ella esto significa una “manera de desactivar el feminismo en su sentido original”, además afirma que dicha teoría es supuestamente ajena al movimiento feminista ya que atiende otras discriminaciones y opresiones –dando a entender que los varios tipos de opresión de género y sexo no tienen conexión entre sí-. Aún con el debate que puede suscitar esta argumentación, considero que ésta tiene relevancia por la producción teórica de las demandas y principios teóricos que postula, así como por la influencia de los movimientos sociales que aglutinan.

Aunado a lo anterior, existen otras formas de comprender los períodos históricos del feminismo, para muestra está la aportación de Michel (1983). De acuerdo con este autor, la palabra féminisme entró en la lengua francesa a partir de 1837. El feminismo se puede definir como una doctrina que procura los derechos de hombres y mujeres y que analiza el papel de la mujer en la sociedad incluyendo sus prácticas (Michel, 1983).

El pensamiento feminista, en sus orígenes, tomó argumentos del marxismo y el socialismo utópico, el psicoanálisis y posteriormente, de la antropología, la historia, la sociología y la filosofía (González, 2001). De tal manera que podemos clasificar, de acuerdo a Tong (1989), varios tipos de feminismos tales como: feminismo liberal, feminismo marxista, feminismo socialista y feminismo radical. Estos enfoques que señala Tong son los que están mayormente documentados principalmente por su relevancia histórica-teórica. No obstante, cabe mencionar que existen otras vertientes del feminismo tales como: feminismo negro, feminismo chicano, transfeminismos, anarcofeminismo o ecofeminismo, este último acentuando su impacto en los temas sobre medio ambiente y desarrollo. En un siguiente artículo explicaré las diferencias entre estos tipos de feminismos.

El feminismo es ya una presencia relevante dentro del escenario de las discusiones teóricas en la modernidad y en las ciencias sociales. En las posturas feministas se denuncia el sexismo, entendido como una actitud de discriminación a partir de la diferencia sexual y/o de género. También el feminismo puede entenderse como un movimiento ideológico y político que aspira a una igualdad de derechos para las mujeres, construyendo una relación de equidad e igualdad con los derechos de los hombres, quienes tradicionalmente han gozado de mayores privilegios que las mujeres en todos los ámbitos de la vida, principalmente los que se refieren al ámbito público. Para ello, el feminismo se basa en un conjunto de teorías sociales a la vez que ejecuta diversas prácticas y mantiene posturas políticas en abierta crítica de las relaciones humanas, sociales e históricas (pasadas y presentes), teniendo en cuenta la desigualdad y la opresión que ha existido a lo largo de la historia para las mujeres.

Por otro lado, y para definir los estudios de género es preciso referirme primero acerca de las nociones que existen en relación a este concepto/categoría; cabe señalar que los primeros acercamientos a la noción de género se hicieron desde disciplinas como la psicología, la filosofía o el psicoanálisis.

La palabra “género” se deriva del latín genus, que se utiliza por lo común para designar una categoría cualquiera, clase, grupo o familia, que exhibe características de pertenencia en común. En el marco teórico de las ciencias sociales el concepto de “género” tiene implicaciones más complejas, mismas que comienzan a hacerse evidentes principalmente a partir del siglo XIX con el declive de la posición social de las mujeres en Europa y con la instalación del pensamiento liberal y del estado moderno. Es en estas décadas cuando el concepto de género empieza a circular por todas las ciencias sociales y en los discursos científicos con una acepción específica y una intencionalidad explicativa.

Ejemplos de ello son las aportaciones de Matilde y Mathias Vaerting (El sexo clave: Un estudio en la sociología de la diferenciación de sexo, edición inglesa de 1923) y, sobre todo, Viola Klein (El carácter femenino. Historia de una ideología, 1946 publicada en castellano en Buenos Aires en 1951) quienes ya habían planteado que lo que se entendía como psicología femenina no era de las mujeres en sí (natural-esencia), sino el producto de las dominaciones y el sojuzgamiento masculino.

Posteriormente Simone de Beauvoir en 1949 acuñó la frase con la cual iniciaría el movimiento feminista del siglo XX: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer.” Su reflexión abrió un nuevo campo de indagación intelectual sobre la interpretación de la igualdad y de la diferencia entre los sexos, que hoy es tema de revistas, libros, debates políticos, políticas de diversidad empresarial, seminarios académicos y movimientos sociales en todo el mundo. En la década de 1950, el investigador John Money propuso el término “papel de género” (gender role) para describir al conjunto de conductas atribuidas a los varones y mujeres, pero fue Robert Stoller quien estableció más nítidamente la diferencia conceptual entre sexo y género, basándose en sus investigaciones sobre niños y niñas que, debido a problemas anatómicos congénitos, habían sido educados de acuerdo a un sexo que no se correspondía con el suyo (Burín y Meler, 2006).

Posteriormente en la década de los cincuenta, después de la segunda guerra mundial y en plena “revolución sexual”, se revela una de las aportaciones más relevantes del feminismo a través de Rubin (1984) quien nos remite a estudiar de manera más compleja y multidisciplinaria esas primeras concepciones del concepto de género, y lo hace a través de su concepto de “sistema de sexo/género” el cual define como un conjunto de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores sociales que las sociedades elaboran a partir de la diferencia sexual. Un sistema de sexo-género es simplemente el momento reproductivo de un “modo de producción”. En cambio, el conjunto de sentidos que abarca el concepto sexo incluye características biológicas de diferente nivel, el sexo es genético, hormonal, gonádico, morfológico (Moreno, 2002), mientras que el género se encauza mayormente al componente social que al sexual (masculinidad, feminidad, androginia). Además, para Scott (1990) el género también es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos, por lo que se considera como una forma primaria de relaciones significantes de poder. El género será entendido como relacional teniendo pues, un análisis vincular, mientras que la categoría de análisis es un organizador mayor de la construcción de la subjetividad (Burín, 2007). Por lo tanto, el género podrá ser definido como: construcción sociocultural, categoría de análisis, organizador de la construcción de subjetividad, concepto que facilita la comprensión de la subordinación masculina y femenina, pautas y normas culturales (performatividad).

En su acepción feminista, el concepto de “género” apareció primeramente entre las mujeres americanas, como Scott, Millet o Rubin, entre otras, quienes deseaban insistir en la cualidad fundamentalmente social, desigual y opresiva de las distinciones basadas en el sexo. Para ese entonces, y hasta el día de hoy, una población feminista consideraba al género como sinónimo de mujeres. Tal interpretación se relaciona por una acogida política del concepto, pero inadecuada y limitada teóricamente (Scott, 1990). De acuerdo con Marta Lamas, el concepto de género requiere la búsqueda de sentido del comportamiento de varones y mujeres como seres socialmente sexuados. La autora sostiene que en América latina no hubo el suficiente debate ni una confrontación teórica al respecto, al menos comparada con la fuerza y visibilidad con que se ha dado en el mundo anglosajón.

El concepto/categoría de género ha sido de gran relevancia para el feminismo porque ha sido utilizado, junto al constructivismo social, como una manera de evidenciar situaciones de opresión y malestar que comparten las mujeres en sus luchas por la equidad, la discriminación y la no violencia. De la misma manera, esta perspectiva de género es utilizada en muchos estudios de las masculinidades o estudios de género de los hombres como una forma de analizar los problemas de los varones y que buscan generar una equidad y no violencia en sus relaciones; además, la perspectiva de género también se ha usado en muchos estudios sobre diversidad sexual. Es conveniente aclarar que no todos los estudios de género son feministas, ya que hay otros estudios que pueden estar apoyados en teorías y enfoques sociológicos, psicológicos o de otras disciplinas que se definen muchas veces contradictorios entre sí y a los principios fundamentales del feminismo y/o del enfoque del constructivismo social.

Dejando a un lado a los estudios de género, ahora centraré mi atención en la teoría queer. De acuerdo con Spargo (2004), el término “queer” puede funcionar como sustantivo, adjetivo o verbo, pero en todos los casos se define en contraposición a lo “normal” o normalizador.

La teoría queer utiliza varias ideas del feminismo, de la teoría posestructuralista, incluidos los modelos psicoanalíticos de la identidad descentrada inestable de Lacan, la deconstrucción de las estructuras conceptuales y lingüísticas binarias de Derrida y, por supuesto, el modelo del discurso, el conocimiento y el poder de Foucault. La teoría queer no se origina en un momento específico, pero a menudo se considera, retrospectivamente, que comenzó a cristalizarse a partir de una serie de conferencias académicas dictadas en Estados Unidos a finales de la década de 1980 sobre tópicos gays y lésbicos relacionados con las teorías posestructuralistas. A continuación, describiré el origen de la teoría queer en el feminismo y el movimiento LGBTTI y sus relaciones y diferencias.

De acuerdo con Sáez (2004) en la década de los ochenta la teoría queer surge en respuesta a una especie de “identidad gay” que estaba imponiéndose, la cual, tras la búsqueda de los valores de estabilidad y respetabilidad, visualizados en la institución del matrimonio, escondía un discurso cada vez más conservador.

No es casualidad que, en los años ochenta, en el debate que oponía a las feministas “constructivistas” y las feministas “esencialistas”, la noción de género se convirtiese en la herramienta teórica fundamental para conceptualizar la construcción social, la fabricación histórica y cultural de la diferencia sexual, frente a la reivindicación de la feminidad como sustrato natural, como forma de verdad ontológica (Preciado, 2003).

Algunos autores señalan que la teoría queer está más cercana al movimiento LGBTTI que al feminismo, aunque tiene diversas raíces ideológicas que parten del feminismo norteamericano de los años ochenta. Este feminismo de la segunda ola se situaba en la noción de diferencia sexual, ya fuera la diferencia entre hombres y mujeres o la conceptualización del sujeto y del objeto de varios fenómenos sociales (el discurso, el arte, el matrimonio, etc.). En ese sentido, el movimiento feminista al que se refieren fue alterado por dos fenómenos ideológicos que dividieron a las teóricas y militantes en relación al tema sobre el papel de la pornografía en la opresión de las mujeres (“la guerra de los sexos”) y a la presencia de lesbianas en las filas feministas, a esta presencia de mujeres se le conoció como Lavender Menace, nombre de un grupo informal de feministas lesbianas formado para protestar por la exclusión de lesbianas y reivindicaciones lesbianas dentro del feminismo.

Las feministas lesbianas de la Lavender Menace manifestaban que ellas eran más feministas gracias a su alejamiento de los hombres, mientras que las feministas heterosexuales aducían que los papeles masculinos/femeninos (butch/fem) de las parejas lesbianas no eran sino copias del matrimonio heterosexual. Así, esta disputa presente en un sector de feministas de la segunda ola, puso su atención en las prácticas sexuales, y sobre todo en la división que todo ello produjo; dando como resultado, a comienzos de los años noventa al nacimiento de la teoría queer conformado fundamentalmente por un feminismo lésbico.

Quizás por ello no es extraño tener a Judith Butler como una de las más importantes exponentes de la teoría queer (con influencias importantes de Michel Foucault). Según Butler, no sólo el género está construido socialmente, también la sexualidad es fruto de mecanismos discursivos y de poder. Butler rechaza que la identidad de género sea el aglutinante principal del movimiento feminista, dado que no puede mantenerse como fundamento de la unidad del movimiento una sola identidad. Advierte, además, que la identidad tiene como consecuencia la opresión, puesto que siempre lleva incorporada una dimensión normativa. La propuesta de Judith Butler es que esa posible “común identidad feminista” (“la mujer”) no gire en torno a uno solo de los aspectos que caracterizan al grupo de mujeres (la oposición masculino-femenino). La solidaridad feminista debe asumir que hay otros ejes de las relaciones de poder (clase, raza, etnicidad, etc.) que configuran la “identidad” y hacen que sea totalmente inapropiada esta noción (identidad en singular) en su sentido tradicional.

De acuerdo con Elliot (2009) el desarrollo de este enfoque teórico de la sexualidad (teoría queer) surgió no sólo de algunas divisiones sociales feministas emergentes alrededor del significado de la homosexualidad durante los años ochenta, sino también de varios nuevos intentos por evitar las estrategias excluyentes y separatistas de oposición política a la dinámica heterosexual y masculinista de la cultura occidental. Además, Sabuco (2009) menciona que los logros obtenidos por los movimientos de los sesenta-setenta se enfrentaron con la dureza de una pandemia: el SIDA, que se instrumentalizó políticamente para mermar las conquistas obtenidas y provocar una reacción conjunta en la que cristalizará el movimiento queer a finales de los ochenta.

Me parece que cualquier postura (feminista, de estudios de género desde cualquier rama de las ciencias sociales o desde la teoría queer) que reivindique las opresiones y las desigualdades de la alteridad es muy bienvenida, independientemente de a qué grupos mayormente beneficie, al final creo que todas y todos nos vemos beneficiados con la lucha contra el machismo, la violencia, la desigualdad, la inequidad y la opresión, porque todo subyace a un mismo sistema que hay que cambiar, el patriarcado.

Referencias.

Beauvoir, S. (1949) El segundo sexo. Francia: Editorial Sudamericana.

Burin, M. y Meler, I. (2006) Género y familia. Poder, amor y sexualidad en la construcción de la subjetividad. Argentina: Paidós.

Burin, M. (2007) “Trabajo y parejas: impacto del desempleo y de la globalización en las relaciones entre los géneros” en Jiménez M. y Tena O. (Coords.), Reflexiones sobre masculinidades y empleo, Morelos, México: Universidad Nacional Autónoma de México y Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (eds.).

Cobo, R. (2005), Sociología crítica y teoría feminista, España: Universidad de A Coruña.

Elliot, A. (2009) “Sexualidades: teoría social y la crisis de identidad” en Sociológica, año 24, número 69, pp 185-212, enero-abril 2009.

Escobar, J. (2007) “Diversidad sexual y exclusión”en Revista Colombiana de Bioética, Vol. 2, No.2, Julio-diciembre, pp. 77-94.

González, C. (2001) Autonomía y alianzas. El movimiento feminista en la Ciudad de México, 1976-1986. México D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México.

Michel, A. (1983) El feminismo. México: Fondo de cultura económica.

Moreno, H. (2002) “Masculino y femenino” Curso Sexualidad y Derechos: Cartas de navegación México D.F.: Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, noviembre 02.

Preciado, B. (2003) Multitudes Queer. Nota para una política de “anormales”.Revista Multitudes. Núm. 12. París.

Rubin, G. (1997) “El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo”, en Lamas, M. (Comp.), El género: la construcción cultural de la diferencia sexual, México D.F.: Miguel Ángel Porrúa/PUEG UNAM.

Sáez, J. (2004) Teoría Queer y psicoanálisis. Madrid, Síntesis, pp 221. Disponible en: http://www.sintesis.com/secciones/catalogo/PDFs/9756-182-1.pdf

Scott, J. (1990) “Género, una categoría útil para el análisis histórico”,en Amelanj, J. (Coord,), Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea. España: Universidad de Valencia.

Spargo, T. (2004) Foucault y la teoría queer. España: Editorial Gedisa, S.A.

* Instituto Mora.

 

EVAL 2018

Eventos: Semana de la Evaluación en América Latina y el Caribe 2018

 

En el marco de la Semana de la Evaluación en América Latina y el Caribe 2018 te invitamos a los siguientes eventos:

  • La mesa de diálogo: Participación de la Sociedad Civil, en los procesos de implementación, monitoreo y evaluación de la Agenda 2030. 
    Lunes 4 de junio, de 11:00 a 14:00 hrs. en el Auditorio del Instituto Mora.
  • El seminario interactivo Lecciones aprendidas: compartiendo experiencias sobre los errores y aciertos más comunes en la práctica de la evaluación.
    Miércoles 6 de junio, de 17:00 a 19:00 hrs., en el salón 5 de la sede Poussin del Instituto Mora.

¡Entrada libre!