E-paper: Cooperación Internacional y Seguridad Alimentaria y Nutricional

“De México a Nicaragua. Cooperación Internacional y Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN): Estudio de caso del proyecto Amaranto (FCAPPCCA), 2010-2015”.

Por: Maria de los Angeles Blandón Salinas *

 

Resumen

En el actual escenario mundial la Cooperación Internacional para el Desarrollo ha evolucionado propiciando un nuevo mecanismo de ayuda donde los países del sur son los protagonistas. En este contexto, en la región Centroamérica, la política exterior de la Cooperación Internacional Mexicana ha impulsado la Cooperación Sur-Sur como una nueva herramienta para dar respuesta a las problemáticas comunes y propiciar el camino hacia el anhelado Desarrollo, conformándose alianzas políticas para defender intereses comunes y aprovechar las oportunidades de una inserción en el sistema de la ayuda internacional, siendo Nicaragua un ejemplo particularmente muy cercano con México. Para ello se hizo una investigación titulada: “De México a Nicaragua. Cooperación internacional y Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN): Estudio de caso del proyecto Amaranto (FCAPPCCA), 2010-2015”.

Como parte de los antecedentes se hace mención que el 27 y 28 de mayo de 2010 se llevó a cabo, en la ciudad de Managua, Nicaragua, la V Reunión de la Comisión Binacional México-Nicaragua. Como parte del Programa de cooperación se aprobó el Proyecto “Fortalecimiento de las capacidades agroindustriales pre y pos cosecha del cultivo del Amaranto, 2010-2015 (FCAPPCCA)” en materia de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) en la comunidad La Tejana de Chinandega, Nicaragua. Actualmente, el tema de (SAN) continúa vigente dentro de las temáticas de la agenda nacional nicaragüense y de la Cooperación Internacional mexicana.

Palabras clave: Cooperación Internacional al Desarrollo, Cooperación Sur-Sur, Cooperación Tradicional Norte- Sur, Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN).

Proyecto de Cooperación Sur-Sur

La llamada Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN)[1] en el mundo, ha marcado el inicio de una era vinculada al seguimiento de la visión de un mundo sin hambre y sin desnutrición, trastocando el actual papel de la Cooperación Internacional y sus proyectos para el Desarrollo.

En el marco de esa reconfiguración internacional, la Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) ha optado por nuevas modalidades como la reciente Cooperación Sur-Sur (CSS), “que está basada en relaciones directas y horizontales entre países que enfrentan problemas comunes y que tienen como propósito superar a partir de esfuerzos conjuntos los desafíos del desarrollo que fueron vinculados a una Cooperación Tradicional Norte-Sur (C/T N-S)” (Ayllón,2007, p.88).

Con base en esa definición, la llamada Cooperación Sur-Sur (CSS) y su proceso de aprendizaje ha conllevado un sentido crítico para mejorar su proceder en el Sistema Internacional. En ese contexto, el motivo del presente e-paper es abordar el caso de la Cooperación Sur-Sur mexicana como el continuum de la cooperación tradicional Norte- Sur, a pesar de que en el discurso se expresa la implementación de una Cooperación más horizontal y de beneficio mutuo. Asimismo, analizar el rol que ha tenido el eje de la Cooperación Internacional mexicana dirigida a la región Centroamericana, en países como el caso de Nicaragua,  con la temática de Seguridad Alimentaria y Nutricional a través de un estudio de caso: “Proyecto fortalecimiento de las capacidades agroindustriales pre y pos cosecha del cultivo Amaranto (FCAPPCCA), 2010-2015”, con el fin de observar: aspectos de mejora en términos de resultados, continuidad y sobre todo de eficacia de la Cooperación mexicana en su carácter de cooperante dual.

La Cooperación Sur-Sur del caso mexicano, ¿es el continuum de la Cooperación Tradicional Norte- Sur?

El escenario internacional actual demuestra que han surgido nuevas modalidades de cooperación más allá de la llamada Cooperación Tradicional Norte-Sur (CT Norte-Sur). Históricamente la CT Norte-Sur fue considerada como aquella que se realizaba de un país desarrollado hacia otro país en vías de desarrollo o con menor nivel de desarrollo (Bracho, 2014, pp. 89-113). Este tipo de modalidad estaba basada en la importancia del conocimiento que podían aportar los llamados países desarrollados a los países menos desarrollados en temas de: experiencia, transferencia de conocimientos, no injerencia política, el respeto a terceros, lecciones aprendidas, prácticas significativas, uso de tecnología, etc. En ese contexto, los donantes operaban con amplios márgenes de discrecionalidad en la medida en que, aún existiendo marcos jurídicos vinculantes que regulasen y obligasen a cumplir los compromisos de ayuda, no se cumplían de manera obligatoria, distorsionando la naturaleza, objetivos y/ o cometidos de la CID[2].

Años más tarde, surgiría la Cooperación Sur-Sur (CSS) para encaminar los procesos de independencia y desarrollo de los países del Sur (Ayllón, 2007, p.22) la cual fue conceptualizada como aquella modalidad de cooperar entre un país en desarrollo y con otro país menos desarrollo, pero cuyas relaciones serían más de carácter horizontal acreditada por el apoyo mutuo con el fin de compartir conocimientos, experiencias y hasta recursos financieros y promover el desarrollo en sus distintas esferas (Ayllón, 2007, p.5). Sin embargo, en nuestros días se afirma que la demarcación de la línea fronteriza entre la Cooperación Tradicional CT Norte-Sur y la CSS se ha ido desvaneciendo, siendo el poder de la cooperación internacional de los países del  Norte aún persiste y ha incluido acciones que dejan al descubierto que en la inmensa mayoría de los países del Sur y con el papel de una Cooperación Sur-Sur se sufre de un poder viciado y manipulado por los Estados más poderosos que incluye irónicamente principios normativos como: “el respeto de la soberanía, la asociación de colaboración entre iguales; no condicionalidad; la no injerencia en los asuntos internos; beneficio mutuo y principios operativos: rendición mutua de cuentas, transparencia y coordinación  de  resultados” (ONU, 2012, pp. 7-8).  Surgiendo la incógnita: ¿Acaso la Cooperación Sur-Sur en el caso mexicano es aún el continuum o la réplica de las características de la Cooperación Tradicional Norte- Sur?

Desde un punto de vista, esta interrogante es una tarea compleja para responder, ya que se argumenta que la Cooperación Sur-Sur mexicana, a pesar de ser una modalidad más horizontal en el contexto de la llamada Eficacia de la Ayuda, se ha concentrado en una asistencia técnica respondiendo a la rigurosidad de la agenda de la eficacia, del triple mandato (Adaptar, Enriquecer e Identificar) del Programa de Acción de Accra (art. 19e del PAA)[3] pero reproduciendo así, las prácticas de la Cooperación Tradicional (CT Norte-Sur): relaciones asimétricas, ayuda atada, priorización de intereses, corriendo el peligro de caer en el papel de los países “del Norte” que no quieren perder su protagonismo en el Desarrollo.

La premisa anterior, resulta bastante interesante pues, lejos de llevar a una posición pesimista de la Cooperación Sur-Sur, sirve de estímulo para estudiar la Cooperación mexicana a través del siguiente estudio de caso, y así, analizar el papel de la eficacia de la Cooperación Internacional de México.

Cooperación Internacional Mexicana hacia Nicaragua en materia de Seguridad Alimentaria: Caso del Proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales Pre y Pos Cosecha del cultivo del Amaranto 2010-2015.

Los estudios de caso sobre los proyectos de la CID se han convertido en una práctica en el aprendizaje y mejoramiento de la eficacia, ya que generan un conocimiento que aprecia la realidad de los proyectos de Cooperación para el Desarrollo sin llegar a una evaluación propiamente dicha.

En ese ámbito, casos como el proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales Pre y Pos Cosecha del Cultivo del Amaranto en Nicaragua 2010-2015, en un momento estuvo dotado del siguiente cuestionamiento complejo: ¿Por qué la Cooperación Internacional mexicana en Nicaragua en materia de SAN a través del estudio de caso del proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales pre y pos cosecha del cultivo del Amaranto (FCAPPCCA), ha sido parcialmente eficaz en la comunidad La Tejana de Chinandega, Nicaragua?

El proyecto nació en 2010 en el marco de la V Reunión Binacional México-Nicaragua. Para el estudio de caso, la zona de intervención era la comunidad La Tejana, geográficamente considerada la más grande en la costa del Pacífico con una superficie de 1,308 km2:

Mapa 01: División Política y Administrativa de Nicaragua

En el tema del relieve, la zona estaba comprendido por una fila volcánica, erosionada, frágil y poco factible, por un lado, para la inversión de capital extranjero en una iniciativa de cooperación, así como para la introducción por primera vez de un cultivo como el Amaranto. El Amaranto era considerado como una de las principales plantas alimenticias que formó parte de la vida ritual de los indígenas de esa zona (López, 2007, pp. 3-29). Llamado huauhtli en náhuatl, ahparie en purépecha, tez o xtes en maya, wa’ve para los wixáricas o guegui en rarámuri, contenía altas propiedades en lisina clasificada como pseudocereal. Sin embargo, la ventaja de este cultivo es que era adaptable a suelos rocosos y frágiles lo que permitiría insertarse en un ámbito tan vulnerable como el suelo nicaragüense. He ahí la propuesta muy concreta y acertada de México en introducir el proyecto del Amaranto. (Velasco & Villela,2018, p. 21.).

Por otro lado, según López Acotto y Villapando (2008), en el contexto del Proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales Pre y Pos Cosecha del Cultivo del Amaranto el aparato estatal era sumamente frágil para mejorar las condiciones de vida de su población, por lo que la Cooperación Internacional mexicana respondía a las necesidades presentadas por Nicaragua y por medio de una colaboración solidaria y de complementación mutua que se ofrece a los países receptores. No obstante, entre una de sus lineamientos el diseño del proyecto carecía de un diagnóstico previo que reconociera una Eficacia comunitaria y no una Eficacia gubernamental basada en la gestión de resultados.

Para el análisis del papel de la Cooperación Internacional para el Desarrollo mexicana en el proyecto (FCAPPCCA) Amaranto se abordó por medio de una Matriz FODA. Utilizamos esta metodología del Análisis FODA/ DAFO o bien SWOT Matrix, (por sus siglas en inglés), por ser una metodología que permite analizar un proyecto en base a sus Debilidades, Fortalezas Amenazas y Oportunidades para la toma de decisiones. Asimismo, en los últimos años, esta metodología ha sido considerada como una herramienta por excelencia para saber en qué fue/es bueno un proyecto de CIPD, que tuvo/tiene que mejorar y cuáles acciones debían/deben llevarse a cabo de manera más clara y organizada. En el caso que nos ocupa, se usó con el fin de demostrar cómo en algunos casos se puede adoptar este Análisis FODA como alternativa para estimar el éxito o el fracaso de una intervención, sin la necesidad de llegar a una evaluación propiamente dicha. (véase gráfico No. 1)

Gráfico No.1 Dinámica de la Matriz FODA

Fuente: Elaboración propia con información sobre ANALISIS DAFO O FODA 2017.

Para ello, se desplego cada una de las secciones internas y externas, para ser entrelazadas posteriormente con los otros campos, dando como resultado que el proyecto efectivamente nació teniendo como base un diálogo político, concentrado en la operatividad de las actividades, en la gestión de resultados y en el llenado del formato de presentación de proyectos  de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), a fin de generar una mayor transparencia de los fondos y rendición de cuentas, lo que produjo un primer análisis sobre la Cooperación Internacional mexicana en Nicaragua.

Con ello, el proyecto Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) a través del estudio de caso del proyecto Amaranto resulto parcialmente eficaz, porque efectivamente se comprobó que al haber una falta de un diagnóstico previo que identificase las necesidades y áreas de oportunidad, que a la larga favoreciera la apropiación local una vez finalizado el proyecto y un trasfondo de un significante vacío en la concepción de la eficacia a nivel comunitario persistiendo un comportamiento de una Cooperación Tradicional Norte-Sur en términos de una ayuda internacional condicionada o atada.

El FODA también evidenció que el proyecto tuvo asimismo otros puntos relevantes como el desarrollo del enfoque de género y la comercialización del Amaranto a pequeña escala con el productor local. La comercialización, como es un tema colindante en este proyecto, por lo cual, es importante reflexionar que fue un resultado indirecto de un proyecto asistencialista que, en la mayoría de los casos, la cadena productiva de productores locales no está preparada para incursionar en el ámbito del comercio.

Actualmente, el caso no refleja un interés por ninguna de las partes involucradas en continuar con este tipo de iniciativa a pesar de que se encontró como parte de la investigación un FODA con diez Fortalezas, tres Oportunidades, seis Debilidades y cuatro Amenazas. De ahí la importancia de remarcar que el estudio de caso estuvo bajo la modalidad de la Cooperación Tradicional Norte- Sur Mexicana y no en una Cooperación Sur-Sur, puesto que a veces la Cooperación Sur-Sur ignora los intereses de la política exterior que en muchas ocasiones persisten, ya que resulta difícil comprender la ayuda otorgada por México por ciertos momentos y la buena voluntad de Nicaragua de recibirla, sin el trasfondo de algún tipo de interés que cambia de un sexenio de mandato a otro sexenio. Lo anterior, especialmente, puede apreciarse en el contenido de los acuerdos de cooperación suscritos con México basados en mejorar un intercambio económico y que ha limitado el papel de la Cooperación Internacional mexicana y su eficacia.

Conclusión

La Cooperación Internacional de México a la región Centroamericana como el caso nicaragüense es considerada como una modalidad específica del sistema de la Cooperación Internacional, cuyo principal objetivo, es compartir experiencias exitosas que han sido implementadas para dar tratamiento a análogos problemas de Desarrollo.

A nivel de estudio del caso y de la investigación el Proyecto Alimentario Pre-Pos Cosecha Amaranto en materia de Seguridad Alimentaria y Nutricional se analizó que los resultados fueron en parte satisfactorios en la producción de un alimento de alto nivel nutricional que generó un alivio en la dramática situación alimentaria en Nicaragua; aunque es importante destacar que, los protagonistas locales nicaragüenses no fueron los autores de su propio desarrollo local, pues hubo una carencia de un diagnóstico previo y la apropiación del concepto de eficacia comunitaria.

Actualmente, la situación nacional de producción del Amaranto en el sector primario nicaragüense representa un reto, pues el cultivo del Amaranto tiene que ser re-introducido nuevamente a nivel local para luego generar una estrategia que pueda ayudar a combatir el hambre y la desnutrición de los sectores menos favorecidos, gracias a la alta adaptabilidad y composición nutricional de dicho cultivo.

En lo que respecta a la Cooperación Internacional mexicana es posible concluir que muchas veces en la práctica no responde a los principios fundamentales de Cooperación Sur-Sur, de manera que corre peligro de caer en el mismo esquema de la Cooperación Tradicional Norte-Sur, lo que condiciona la atención en aspectos como: la planeación de sus proyectos, su eficacia, su sostenibilidad en el tiempo y la rendición de cuentas.

Bibliografía

Ayllón, Bruno. (2007). La cooperación internacional para el desarrollo: fundamentos y justificaciones en la perspectiva de las teorías de las Relaciones Internacionales” en Carta Internacional. San Pablo, Núcleo de Pesquisa en Relaciones Internacionales de Universidad de Sao Paulo.

Bracho, G. (2014). La cooperación al desarrollo en transición: el reto de los cooperantes del Sur. Revista Mexicana de Política Exterior. núm.102 (pp. 89-113).

López Austin (2007). “Religión y magia en el ciclo de las fiestas aztecas”, en Religión, mitología y magia, México, MNA, n. 2, pp. 3-29.

López Accotto, A. y Villapando, F. (2008). Nicaragua: Notas sobre su economía y Cooperación Internacional para el Desarrollo, FLACSO, Managua.

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Velasco Ana María y Villela Samuel. (2018). El amaranto, Arqueología Mexicana, núm. 138, p. 21.

[1] Entendida como aquella que abarca el nivel de individuo, hogar, nación; y que se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, (1994). Informe sobre desarrollo humano 1994: Nuevas dimensiones de la seguridad humana, Fondo de Cultura Económica, México, pág. 28

[2] Cooperación Internacional para el Desarrollo

[3] Programa de Acción de Accra (art. 19e del PAA) APA style: Electronic references. Recuperado de: https://www.accrahlf.net/


*  Es licenciada en Derecho y Notariado Público por la Facultad de Humanidades de la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) y Maestra en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Ha participado en varios cursos, talleres y diplomados, entre los cuales se encuentra: La Cooperación Procesal Internacional, la participación de la Sociedad Civil Mexicana en la Agenda 2030 y la Cooperación Descentralizada de los Gobiernos Locales. Correo electrónico: angeles2013@gmail.com

p1.2

E-paper: Feminismos, estudios de Género y Teoría Queer

 

Feminismos, estudios de género y teoría queer, aportes para una clasificación integral

Por:  Dr. Edgar Ivan Zazueta Luzanilla*

 

La comprensión de la perspectiva feminista puede darse a través del análisis de diferentes períodos históricos, éstos los podemos clasificar en: primera ola del feminismo (movimiento de mujeres que surge en el siglo XVIII); segunda ola del feminismo (donde la lucha por el voto de la mujer y el libro de “El segundo Sexo” de Beauvoir, son los dos momentos más importantes) y, hay autores (Escobar, 2007; Elliot, 2009), que refieren una tercera ola del feminismo, a partir del surgimiento de la teoría queer (en la década de los ochenta y noventa).

Sin embargo; hay posturas que difieren de considerar a la teoría queer como una “evolución del feminismo”, tal es el caso de Cobo (2005) quien entiende el uso del género en esta teoría como una despolitización, y para ella esto significa una “manera de desactivar el feminismo en su sentido original”, además afirma que dicha teoría es supuestamente ajena al movimiento feminista ya que atiende otras discriminaciones y opresiones –dando a entender que los varios tipos de opresión de género y sexo no tienen conexión entre sí-. Aún con el debate que puede suscitar esta argumentación, considero que ésta tiene relevancia por la producción teórica de las demandas y principios teóricos que postula, así como por la influencia de los movimientos sociales que aglutinan.

Aunado a lo anterior, existen otras formas de comprender los períodos históricos del feminismo, para muestra está la aportación de Michel (1983). De acuerdo con este autor, la palabra féminisme entró en la lengua francesa a partir de 1837. El feminismo se puede definir como una doctrina que procura los derechos de hombres y mujeres y que analiza el papel de la mujer en la sociedad incluyendo sus prácticas (Michel, 1983).

El pensamiento feminista, en sus orígenes, tomó argumentos del marxismo y el socialismo utópico, el psicoanálisis y posteriormente, de la antropología, la historia, la sociología y la filosofía (González, 2001). De tal manera que podemos clasificar, de acuerdo a Tong (1989), varios tipos de feminismos tales como: feminismo liberal, feminismo marxista, feminismo socialista y feminismo radical. Estos enfoques que señala Tong son los que están mayormente documentados principalmente por su relevancia histórica-teórica. No obstante, cabe mencionar que existen otras vertientes del feminismo tales como: feminismo negro, feminismo chicano, transfeminismos, anarcofeminismo o ecofeminismo, este último acentuando su impacto en los temas sobre medio ambiente y desarrollo. En un siguiente artículo explicaré las diferencias entre estos tipos de feminismos.

El feminismo es ya una presencia relevante dentro del escenario de las discusiones teóricas en la modernidad y en las ciencias sociales. En las posturas feministas se denuncia el sexismo, entendido como una actitud de discriminación a partir de la diferencia sexual y/o de género. También el feminismo puede entenderse como un movimiento ideológico y político que aspira a una igualdad de derechos para las mujeres, construyendo una relación de equidad e igualdad con los derechos de los hombres, quienes tradicionalmente han gozado de mayores privilegios que las mujeres en todos los ámbitos de la vida, principalmente los que se refieren al ámbito público. Para ello, el feminismo se basa en un conjunto de teorías sociales a la vez que ejecuta diversas prácticas y mantiene posturas políticas en abierta crítica de las relaciones humanas, sociales e históricas (pasadas y presentes), teniendo en cuenta la desigualdad y la opresión que ha existido a lo largo de la historia para las mujeres.

Por otro lado, y para definir los estudios de género es preciso referirme primero acerca de las nociones que existen en relación a este concepto/categoría; cabe señalar que los primeros acercamientos a la noción de género se hicieron desde disciplinas como la psicología, la filosofía o el psicoanálisis.

La palabra “género” se deriva del latín genus, que se utiliza por lo común para designar una categoría cualquiera, clase, grupo o familia, que exhibe características de pertenencia en común. En el marco teórico de las ciencias sociales el concepto de “género” tiene implicaciones más complejas, mismas que comienzan a hacerse evidentes principalmente a partir del siglo XIX con el declive de la posición social de las mujeres en Europa y con la instalación del pensamiento liberal y del estado moderno. Es en estas décadas cuando el concepto de género empieza a circular por todas las ciencias sociales y en los discursos científicos con una acepción específica y una intencionalidad explicativa.

Ejemplos de ello son las aportaciones de Matilde y Mathias Vaerting (El sexo clave: Un estudio en la sociología de la diferenciación de sexo, edición inglesa de 1923) y, sobre todo, Viola Klein (El carácter femenino. Historia de una ideología, 1946 publicada en castellano en Buenos Aires en 1951) quienes ya habían planteado que lo que se entendía como psicología femenina no era de las mujeres en sí (natural-esencia), sino el producto de las dominaciones y el sojuzgamiento masculino.

Posteriormente Simone de Beauvoir en 1949 acuñó la frase con la cual iniciaría el movimiento feminista del siglo XX: “Una no nace mujer, sino que se hace mujer.” Su reflexión abrió un nuevo campo de indagación intelectual sobre la interpretación de la igualdad y de la diferencia entre los sexos, que hoy es tema de revistas, libros, debates políticos, políticas de diversidad empresarial, seminarios académicos y movimientos sociales en todo el mundo. En la década de 1950, el investigador John Money propuso el término “papel de género” (gender role) para describir al conjunto de conductas atribuidas a los varones y mujeres, pero fue Robert Stoller quien estableció más nítidamente la diferencia conceptual entre sexo y género, basándose en sus investigaciones sobre niños y niñas que, debido a problemas anatómicos congénitos, habían sido educados de acuerdo a un sexo que no se correspondía con el suyo (Burín y Meler, 2006).

Posteriormente en la década de los cincuenta, después de la segunda guerra mundial y en plena “revolución sexual”, se revela una de las aportaciones más relevantes del feminismo a través de Rubin (1984) quien nos remite a estudiar de manera más compleja y multidisciplinaria esas primeras concepciones del concepto de género, y lo hace a través de su concepto de “sistema de sexo/género” el cual define como un conjunto de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores sociales que las sociedades elaboran a partir de la diferencia sexual. Un sistema de sexo-género es simplemente el momento reproductivo de un “modo de producción”. En cambio, el conjunto de sentidos que abarca el concepto sexo incluye características biológicas de diferente nivel, el sexo es genético, hormonal, gonádico, morfológico (Moreno, 2002), mientras que el género se encauza mayormente al componente social que al sexual (masculinidad, feminidad, androginia). Además, para Scott (1990) el género también es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen los sexos, por lo que se considera como una forma primaria de relaciones significantes de poder. El género será entendido como relacional teniendo pues, un análisis vincular, mientras que la categoría de análisis es un organizador mayor de la construcción de la subjetividad (Burín, 2007). Por lo tanto, el género podrá ser definido como: construcción sociocultural, categoría de análisis, organizador de la construcción de subjetividad, concepto que facilita la comprensión de la subordinación masculina y femenina, pautas y normas culturales (performatividad).

En su acepción feminista, el concepto de “género” apareció primeramente entre las mujeres americanas, como Scott, Millet o Rubin, entre otras, quienes deseaban insistir en la cualidad fundamentalmente social, desigual y opresiva de las distinciones basadas en el sexo. Para ese entonces, y hasta el día de hoy, una población feminista consideraba al género como sinónimo de mujeres. Tal interpretación se relaciona por una acogida política del concepto, pero inadecuada y limitada teóricamente (Scott, 1990). De acuerdo con Marta Lamas, el concepto de género requiere la búsqueda de sentido del comportamiento de varones y mujeres como seres socialmente sexuados. La autora sostiene que en América latina no hubo el suficiente debate ni una confrontación teórica al respecto, al menos comparada con la fuerza y visibilidad con que se ha dado en el mundo anglosajón.

El concepto/categoría de género ha sido de gran relevancia para el feminismo porque ha sido utilizado, junto al constructivismo social, como una manera de evidenciar situaciones de opresión y malestar que comparten las mujeres en sus luchas por la equidad, la discriminación y la no violencia. De la misma manera, esta perspectiva de género es utilizada en muchos estudios de las masculinidades o estudios de género de los hombres como una forma de analizar los problemas de los varones y que buscan generar una equidad y no violencia en sus relaciones; además, la perspectiva de género también se ha usado en muchos estudios sobre diversidad sexual. Es conveniente aclarar que no todos los estudios de género son feministas, ya que hay otros estudios que pueden estar apoyados en teorías y enfoques sociológicos, psicológicos o de otras disciplinas que se definen muchas veces contradictorios entre sí y a los principios fundamentales del feminismo y/o del enfoque del constructivismo social.

Dejando a un lado a los estudios de género, ahora centraré mi atención en la teoría queer. De acuerdo con Spargo (2004), el término “queer” puede funcionar como sustantivo, adjetivo o verbo, pero en todos los casos se define en contraposición a lo “normal” o normalizador.

La teoría queer utiliza varias ideas del feminismo, de la teoría posestructuralista, incluidos los modelos psicoanalíticos de la identidad descentrada inestable de Lacan, la deconstrucción de las estructuras conceptuales y lingüísticas binarias de Derrida y, por supuesto, el modelo del discurso, el conocimiento y el poder de Foucault. La teoría queer no se origina en un momento específico, pero a menudo se considera, retrospectivamente, que comenzó a cristalizarse a partir de una serie de conferencias académicas dictadas en Estados Unidos a finales de la década de 1980 sobre tópicos gays y lésbicos relacionados con las teorías posestructuralistas. A continuación, describiré el origen de la teoría queer en el feminismo y el movimiento LGBTTI y sus relaciones y diferencias.

De acuerdo con Sáez (2004) en la década de los ochenta la teoría queer surge en respuesta a una especie de “identidad gay” que estaba imponiéndose, la cual, tras la búsqueda de los valores de estabilidad y respetabilidad, visualizados en la institución del matrimonio, escondía un discurso cada vez más conservador.

No es casualidad que, en los años ochenta, en el debate que oponía a las feministas “constructivistas” y las feministas “esencialistas”, la noción de género se convirtiese en la herramienta teórica fundamental para conceptualizar la construcción social, la fabricación histórica y cultural de la diferencia sexual, frente a la reivindicación de la feminidad como sustrato natural, como forma de verdad ontológica (Preciado, 2003).

Algunos autores señalan que la teoría queer está más cercana al movimiento LGBTTI que al feminismo, aunque tiene diversas raíces ideológicas que parten del feminismo norteamericano de los años ochenta. Este feminismo de la segunda ola se situaba en la noción de diferencia sexual, ya fuera la diferencia entre hombres y mujeres o la conceptualización del sujeto y del objeto de varios fenómenos sociales (el discurso, el arte, el matrimonio, etc.). En ese sentido, el movimiento feminista al que se refieren fue alterado por dos fenómenos ideológicos que dividieron a las teóricas y militantes en relación al tema sobre el papel de la pornografía en la opresión de las mujeres (“la guerra de los sexos”) y a la presencia de lesbianas en las filas feministas, a esta presencia de mujeres se le conoció como Lavender Menace, nombre de un grupo informal de feministas lesbianas formado para protestar por la exclusión de lesbianas y reivindicaciones lesbianas dentro del feminismo.

Las feministas lesbianas de la Lavender Menace manifestaban que ellas eran más feministas gracias a su alejamiento de los hombres, mientras que las feministas heterosexuales aducían que los papeles masculinos/femeninos (butch/fem) de las parejas lesbianas no eran sino copias del matrimonio heterosexual. Así, esta disputa presente en un sector de feministas de la segunda ola, puso su atención en las prácticas sexuales, y sobre todo en la división que todo ello produjo; dando como resultado, a comienzos de los años noventa al nacimiento de la teoría queer conformado fundamentalmente por un feminismo lésbico.

Quizás por ello no es extraño tener a Judith Butler como una de las más importantes exponentes de la teoría queer (con influencias importantes de Michel Foucault). Según Butler, no sólo el género está construido socialmente, también la sexualidad es fruto de mecanismos discursivos y de poder. Butler rechaza que la identidad de género sea el aglutinante principal del movimiento feminista, dado que no puede mantenerse como fundamento de la unidad del movimiento una sola identidad. Advierte, además, que la identidad tiene como consecuencia la opresión, puesto que siempre lleva incorporada una dimensión normativa. La propuesta de Judith Butler es que esa posible “común identidad feminista” (“la mujer”) no gire en torno a uno solo de los aspectos que caracterizan al grupo de mujeres (la oposición masculino-femenino). La solidaridad feminista debe asumir que hay otros ejes de las relaciones de poder (clase, raza, etnicidad, etc.) que configuran la “identidad” y hacen que sea totalmente inapropiada esta noción (identidad en singular) en su sentido tradicional.

De acuerdo con Elliot (2009) el desarrollo de este enfoque teórico de la sexualidad (teoría queer) surgió no sólo de algunas divisiones sociales feministas emergentes alrededor del significado de la homosexualidad durante los años ochenta, sino también de varios nuevos intentos por evitar las estrategias excluyentes y separatistas de oposición política a la dinámica heterosexual y masculinista de la cultura occidental. Además, Sabuco (2009) menciona que los logros obtenidos por los movimientos de los sesenta-setenta se enfrentaron con la dureza de una pandemia: el SIDA, que se instrumentalizó políticamente para mermar las conquistas obtenidas y provocar una reacción conjunta en la que cristalizará el movimiento queer a finales de los ochenta.

Me parece que cualquier postura (feminista, de estudios de género desde cualquier rama de las ciencias sociales o desde la teoría queer) que reivindique las opresiones y las desigualdades de la alteridad es muy bienvenida, independientemente de a qué grupos mayormente beneficie, al final creo que todas y todos nos vemos beneficiados con la lucha contra el machismo, la violencia, la desigualdad, la inequidad y la opresión, porque todo subyace a un mismo sistema que hay que cambiar, el patriarcado.

Referencias.

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Scott, J. (1990) “Género, una categoría útil para el análisis histórico”,en Amelanj, J. (Coord,), Historia y género: las mujeres en la Europa moderna y contemporánea. España: Universidad de Valencia.

Spargo, T. (2004) Foucault y la teoría queer. España: Editorial Gedisa, S.A.

* Instituto Mora.

 

EVAL 2018

Eventos: Semana de la Evaluación en América Latina y el Caribe 2018

 

En el marco de la Semana de la Evaluación en América Latina y el Caribe 2018 te invitamos a los siguientes eventos:

  • La mesa de diálogo: Participación de la Sociedad Civil, en los procesos de implementación, monitoreo y evaluación de la Agenda 2030. 
    Lunes 4 de junio, de 11:00 a 14:00 hrs. en el Auditorio del Instituto Mora.
  • El seminario interactivo Lecciones aprendidas: compartiendo experiencias sobre los errores y aciertos más comunes en la práctica de la evaluación.
    Miércoles 6 de junio, de 17:00 a 19:00 hrs., en el salón 5 de la sede Poussin del Instituto Mora.

¡Entrada libre!