Seguridad

Paper: CID en materia de seguridad alimentaria

“Cooperación Internacional para el Desarrollo en materia de seguridad alimentaria: El papel de la ONG ChildFund México”.

Por: Sandra Elena Silva Vázquez*

Resumen

Uno de los principales problemas de desarrollo, es el procurar la seguridad alimentaria para toda la población mundial. Algunas de las acciones para lograrlo son aquellas provenientes de la Cooperación Internacional para el Desarrollo ejecutadas por las organizaciones no lucrativas (ONG/OSC). Sin embargo, en seguridad alimentaria, la CID más conocida es la denominada cooperación multilateral, emprendida por organismos multilaterales en especial la FAO. Sin embargo y debido a los cambios de paradigma y la incursión de nuevos actores en la CID, las ONG comienzan a tener gran protagonismo con sus acciones de cooperación internacional en favor del desarrollo y de la seguridad alimentaria.

Palabras clave:

Cooperación Internacional para el Desarrollo, seguridad alimentaria, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, huertos de traspatio, disponibilidad y acceso a alimentos, micro social, desarrollo humano, capacidades, autoconsumo.

Introducción

Existen alrededor de 815 millones de personas subalimentadas en el mundo, 42.5 millones de ellas, provienen de América Latina y el Caribe (FAO, 2017). Autores como Jean Ziegler aseguran que lo anterior se contradice al afirmar que, en el planeta, se produce suficiente comida para alimentar al doble de la población mundial, sin embargo, existe gran desigualdad en la distribución de la riqueza para la obtención alimentos (Ziegler, 2005).

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) confirma lo planteado anteriormente y argumenta que el problema recae principalmente en la distribución de estos, evidenciando la necesidad de ser más eficientes y sostenibles en las formas de producción y distribución (PMA, 2011).

De acuerdo con los dos planteamientos anteriores, se entiende que el problema que enfrentan las personas que sufren de inseguridad alimentaria se basa principalmente en el acceso económico y físico que se tenga a los alimentos y no en la cantidad de producción de estos, tomando en cuenta factores como la distribución. Los antes mencionados, son elementos que se muestran en el concepto actualmente utilizado de seguridad alimentaria.

La seguridad alimentaria se enmarca en los objetivos de desarrollo planteados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Anteriormente, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), en su primer meta establecían lo siguiente: “Erradicar la pobreza extrema y el hambre” (ONU, 2013). Más tarde se establecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) cuya meta número dos es la siguiente: “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible” (ONU, 2015).

La Agenda 2030 y la del milenio, no son las únicas acciones de CID a favor de la seguridad alimentaria, hay algunas otras emprendidas por otras organizaciones como aquellas que pertenecen al tercer sector.

Es el interés del presente trabajo conocer dichas acciones a través de una organización seleccionada como estudio de caso, por lo tanto, se hará mención de tres variables importantes: la Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID), la seguridad alimentaria y las organizaciones no gubernamentales (ONG) u organizaciones de la sociedad civil (OSC)[1].

Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) y las Organizaciones no lucrativas (ONG/OSC):

Desde su surgimiento al término de la segunda guerra mundial, la cooperación internacional se ha visto marcada por distintos cambios que han contribuido a la inclusión de los llamados actores no tradicionales (las ONG/OSC algunos de ellos).

La forma de cooperación tradicional, es decir la Norte-Sur buscaba generar desarrollo en los países que eran considerados subdesarrollados, es decir, aquellos provenientes del Sur. Al respecto, Duarte y González mencionan lo siguiente: “frente a este panorama impulsado por una especie de deuda histórica y moral que en términos más realistas buscaba no perder completamente la influencia sobre las excolonias…las antiguas potencias coloniales fueron las primeras en ensayar la cooperación internacional dirigida al denominado Tercer Mundo” (Duarte y González, 2014:124).

Este modelo de cooperación fue debilitándose sobre todo en los años noventa, para Dubois esta crisis responde a dos factores primordiales: primero, la deuda moral que muchos países tenían con sus antiguas colonias no era ya razón de peso para contemplar a la CID dentro de sus prioridades; el segundo factor, es el que denomina la fatiga de la cooperación, derivado de los resultados poco efectivos y eficientes hacia el impulso del desarrollo en los países del Sur (Dubois, 1995).

En esta misma época surgen nuevos paradigmas del desarrollo, como el de desarrollo humano, en gran parte gracias a las aportaciones de Amartya Sen sobre la ampliación de las capacidades de las personas como proceso de desarrollo (Griffin, 2001).

El PNUD aporta una definición de desarrollo humano que retoma el pensamiento de Sen: “El desarrollo humano comprende la creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva y creativa de acuerdo con sus necesidades e intereses…implica ampliar las oportunidades para que cada persona pueda vivir una vida que valore” (PNUD, 2018).

Es en la misma década de los noventa cuando existe un mayor surgimiento de las ONG y OSC en el terreno de la CID adquiriendo gran protagonismo. Bombarolo aporta algunas explicaciones sobre las posibles causas de este fenómeno: una de ellas es la crisis del Estado de bienestar, las demandas de la sociedad civil por ocupar espacios públicos y atender necesidades sociales surgidas muchas veces de los problemas sociales a enfrentarse (Bombarolo, 1995: sp).

Las ONG surgen de circuitos de cooperación oficial para apoyar proyectos sociales emprendiéndolos de manera micro social, teniendo relaciones internacionales y locales y sus programas de desarrollo se ajustan a ambos ámbitos (Becerra et al, 1997).

Dichas organizaciones son de carácter privado y son actores sociales con fines solidarios y altruistas (Jerez y Revilla, 2012). Tienen la característica también de tener voluntarios o voluntarias entre sus integrantes y ser organizaciones autónomas (Salamon, 2001).

En la actualidad, la mayoría de las ONG/OSC orientan sus actividades a tres principales esferas de participación: 1) el desarrollo (local o comunitario), 2) la lucha por la profundización de la democracia y 3) el enfoque de derechos. (Sánchez, 2012).

En la CID, las organizaciones no lucrativas han tenido participación internacional en diversos foros donde se enfatiza participación de la sociedad civil como actor primordial para el logro de objetivos del desarrollo como el Foro Internacional sobre Sociedad Civil y Eficacia de la ayuda de 2008, por poner un ejemplo.

Igualmente han tenido participación importante dentro de la FAO en temas de seguridad alimentaria, en 2012 el organismo cedió una oficina de enlace y espacio de trabajo a las organizaciones provenientes de la sociedad civil, entre muchas otras actividades de las cuales, las organizaciones han sido parte (FAO, 2013).

Seguridad alimentaria:

 El concepto de seguridad alimentaria se ha transformado desde su introducción en los años setenta. Su evolución ha sido parte de un continuo de sucesos y aportes que han permitido su definición actual. La más recurrida y en la que se basa este trabajo, es la introducida por la FAO.

El siguiente cuadro muestra la evolución en las definiciones de seguridad alimentaria. En los años setenta, el centro de estudio de la seguridad alimentaria era la disponibilidad, posteriormente, en los años ochenta se entiende que el principal problema era el acceso físico y económico a los alimentos ya sea de manera individual o familiar, y más tarde, en los años noventa, los componentes de inocuidad y utilización biológica complementan el concepto actualmente establecido:

CUADRO 1: Evolución del concepto de seguridad alimentaria

AÑO CONCEPTO
1974 “disponibilidad en todo momento en el mercado mundial de suministros de alimentos básicos para sostener el consumo creciente y contrarrestar las fluctuaciones en producción y precios” (FAO)
1983 “…asegurar que todas las personas en todo momento tienen acceso físico y económico a los alimentos básicos que necesitan” (FAO)
1986 “acceso a todas las personas, en todo tiempo, a cantidades de alimento suficientes para una vida activa y saludable” (BM)
1996 “existe cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana”. Sus elementos son: la disponibilidad, el acceso físico y económico, la utilización de alimentos y la estabilidad en los tres componentes anteriores (FAO).

Fuente: Elaboración propia con información de FAO y BM

La mayoría de las personas subalimentadas en el mundo, se ubican en las zonas rurales donde la obtención directa de alimentos y de ingresos está basada en la agricultura y la ganadería. El desarrollo en el sector agrícola no es suficiente para fomentar la seguridad alimentaria de las comunidades, también es necesario incrementar el consumo de alimentos de las familias pobres y crear medios sostenibles para ello (FAO, 1992). Para la FAO, “el estado nutricional de la población debe considerarse como indicador fundamental de desarrollo” (FAO, 1992: sp).

Las familias que habitan en zonas rurales se alimentan principalmente de lo que obtienen para autoconsumo, sin embargo, su productividad muchas veces no es óptima por lo que algunas sufren de subconsumo de alimentos (Gasca, 2003).

Para poder obtener dichos alimentos, las familias rurales recurren a los huertos de traspatio o huertos familiares. El huerto “es considerado un agroecosistema y ha sido incluido en programas gubernamentales con el fin de mejorar la seguridad alimentaria y contribuir a la reducción de la pobreza” (González et al, 2013: 147)

Ahora bien, en párrafos anteriores se han mencionado las variables que son del interés de este trabajo. La ONG seleccionada fue ChildFund México, establecida hace más de 40 años en el país. Es una organización proveniente de Estados Unidos y cuyo objetivo es la defensoría de los derechos de la niñez y el desarrollo. Trabaja en los 7 estados más pobres de la República Mexicana, incluyendo Puebla y Chiapas donde se desarrollaron los proyectos de seguridad alimentaria que fueron analizados (ChildFund México, 2018).

Los dos proyectos analizados tienen similitudes y diferencias, sin embargo, el objetivo y las formas de trabajo fueron las mismas:

 CUADRO 2: Proyectos analizados

Proyecto Chiapas Proyecto Puebla
El proyecto de apoyo a comunidades de Tapachula nace en 2014 bajo una alianza entre grupo Herdez y ChildFund México.

Tenía como objetivo mejorar la nutrición de niños y niñas de 0 a 12 años y sus familias, promover el autoconsumo y producción de propios alimentos, con ello generar ahorro a las familias y posteriormente la posibilidad de vender sus productos (hortalizas, gallinas y huevo). Lo anterior mediante la construcción de huertos de traspatio y granjas, así como capacitación técnica.

El proyecto de desarrollo comunitario de Huehuetla inicia en 2011, gracias a una alianza entre Compartamos Banco y ChildFund México y ejecutado por la OSC “Niños Totonacos A. C.”

Bajo el mismo diseño, el proyecto buscaba atender a familias de 18 comunidades, instalando huertos de traspatio y granjas, capacitando a las familias en seguridad y soberanía alimentaria. la población objetivo eran familias con menores de 0 a 12 años. El proyecto ya no está vigente.

 Fuente: Elaboración propia con datos de ChildFund México 2011 y 2013

 

Para poder analizar ambos proyectos se recurrió a una matriz de fortalezas y debilidades y se mencionaron características identificadas tanto en los documentos compartidos como en las entrevistas semiestructuradas realizadas a los coordinadores y encargados, igualmente se identificaron puntos importantes sobre el trabajo de la ONG respecto a la seguridad alimentaria

A continuación, se presenta el resumen de las matrices de análisis construidas:

CUADRO 3: RESUMEN DE ANÁLISIS

ASPECTOS IDENTIFICADOS
Promueven el desarrollo de las comunidades a nivel micro social, si se considera que el concepto de desarrollo humano parte de que se debe crear un entorno para que las personas desarrollen su potencial y amplíen sus oportunidades.

-Confirman en cierta medida lo siguiente: “Un proyecto de cooperación al desarrollo, según el enfoque de Sen, debe expandir las capacidades y agencia de las personas. Es decir, se deben ampliar las opciones reales y valoradas por las personas a la vez que aumentar sus habilidades para ayudarse a sí mismas y que se conviertan en agentes de cambio” (Fernández, Hueso y Boni, 2012: 1544).

-Cumplen con el principio de apropiación. Las familias fueron capacitadas para obtener conocimientos que les permitirán aplicarlos incluso cuando la ONG finalizara su participación. En el caso de Puebla, el proyecto fue implementado primero por la OSC y en ambos casos, ejecutado por los mismos beneficiarios.

-La seguridad alimentaria en México, sobre todo en zonas rurales, es un problema principalmente de acceso ya sea físico o económico, por lo tanto, la efectividad de estos proyectos recae en que la producción de alimentos, por parte de la propia familia, generando canales productivos directos que permiten igualmente un acceso físico directo a alimentos. Lo anterior no responde a la necesidad de las familias a mejorar su poder adquisitivo, pero si promueve el ahorro, permitiendo que algo del dinero utilizado en alimentos y transporte para adquirirlos, sea utilizado en otros servicios. Es decir, se apoya el autoconsumo, que es una característica de la mayoría de las familias rurales.

-Los proyectos dependen de la participación de las familias lo que lo hace depender a su vez de la asistencia, interés y disponibilidad de las personas participante, implica una labor de convencimiento y trabajo constante para los colaboradores.

-Los proyectos tienen un alcance pequeño, lo cual en términos generales probablemente no tenga un impacto a nivel municipio en cuanto a promedios reales de medidas como seguridad alimentaria o desarrollo ya que es realizado en pequeñas comunidades y a un número reducido de personas.

-La organización interpreta a la seguridad alimentaria primeramente desde su disponibilidad y acceso físico por lo cual recurre a la construcción de huertos y granjas de traspatio, medida que también fue fomentada por el PESA en su momento, pero la organización lo realiza a nivel micro social y que es identificada como una de las estrategias para obtener alimentos por parte de las familias rurales.

-La organización concibe que la seguridad alimentaria es el eje central de promoción del desarrollo, partiendo de que el implementar proyectos de esta índole coadyuvará a la mejora en la economía de las personas y mejorará la nutrición de las familias, lo cual coincide con lo dicho por la FAO cuando argumenta que el estado nutricional de una población, debe ser un indicador de desarrollo.

Fuente: Elaboración propia

 

CUADRO 4: COMPONENTES DE SEGURIDAD ALIMENTARIA

COMPONENTE DE SEGURIDAD ALIMENTARIA CARACTERISTICAS DEL PROYECTO
Disponibilidad La obtención de sus propios alimentos para autoconsumo (sin embargo, no supone la disponibilidad de todos los alimentos que conformarían la canasta básica y sólo aquellos que se plantan y producen como el huevo y la carne de pollo y las hortalizas producidas)
Acceso físico y económico  Los proyectos promueven la producción de alimentos, omitiendo los gastos de transporte para obtener comida y el de la compra. Los proyectos buscan el ahorro económico y promueven el acceso físico de los alimentos, no generan ingreso (la comercialización no ha sido bien establecida)
Utilización de alimentos La vigilancia nutricional, las asesorías nutricionales y los alimentos que se ha buscado plantar con el fin de obtener micronutrientes, pueden ser elementos que faciliten el cumplimiento de este aspecto, así como el tomar en cuenta los productos propios de la región y la dieta de las familias, para cultivar productos que fueran culturalmente aceptables
Estabilidad en los componentes

Por ser proyectos con ciertas características, dependerá de las condiciones en que la comunidad siga trabajando y la organización apoyando el mismo o bien evaluando su impacto.

 Fuente: Elaboración propia

 

 

Si bien el análisis de los proyectos fue basado principalmente en la seguridad alimentaria y el desarrollo humano, también existieron algunos cuestionamientos sobre la forma de trabajo de ChildFund México. Una observación fue la falta de interés por realizar evaluaciones de impacto que permitieran saber si efectivamente la vida de las familias beneficiarias mejoró, lo cual debería ser el principal objetivo de un proyecto de cooperación. O bien, hacer evaluaciones para conocer si el proyecto es sostenible. Otro cuestionamiento es el saber, si por la naturaleza de las organizaciones y su dependencia de recursos de los donadores, en cierta medida se conviertan en fábricas de proyectos, que buscan constantemente generarlos para obtener recursos y continuar vigentes y funcionando.

Algunas conclusiones surgidas del trabajo de investigación destacan la importancia de la seguridad alimentaria como indicador de desarrollo, los proyectos de cooperación sobre ese tema deben entonces estar ligados no sólo a promover una buena alimentación, sino que esta sea constante sin limitantes de acceso y disponibilidad de alimentos. Igualmente, cabe destacar que los proyectos presentados fueron ejecutados en áreas muy reducidas a un pequeño grupo de personas, y si bien por su naturaleza es posible replicarlos, es probable que no contribuyan a crear un gran impacto en los indicadores estatales de seguridad alimentaria.

Es también relevante recalcar que la seguridad alimentaria en un país tiene también relación con los ingresos de las personas, la distribución de alimentos sobre todo en aquellas zonas apartadas, el consumo y lo hábitos alimenticios (Torres, 2003)

Por último, cabe recalcar la importancia de las personas en los proyectos de cooperación como protagonistas de su propio desarrollo, independientemente de teorías o debates o incluso de estadísticas. El desarrollo humano en un proyecto resalta la necesidad de elevar las capacidades de las personas para que lo anterior pueda ser alcanzado.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Becerra et al (1997) “Organismos no gubernamentales: Definición, presencia y perspectivas” (p. 117-131) Recuperado de http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derhum/cont/28/pr/pr35.pdf (24 septiembre 2017)

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ChildFund México (2017) “Hoja de Datos”

ChildFund México (2017) “Programa de desarrollo comunitario en comunidades de Tapachula”

ChildFund México (2018) “Desarrollo comunitario en Tapachula”

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M Salamon, L. (2001). La sociedad civil global. Las dimensiones del sector no lucrativo. Fundacion BBVA/BBVA Foundation.

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Torres, F. T., & Trápaga, Y. (2003). Seguridad alimentaria, seguridad nacional. Plaza y Valdés.

Ziegler, J. (2005). L’empire de la honte (p. p173). Paris: Fayard. Traducción propia

[1] En el presente trabajo se utilizarán ambos términos, ONG y OSC. Recurriendo a Mochi y Girardo que enfatizan que las ONG son aquellas organizaciones que surgen del Norte mientras que las OSC son aquellas provenientes de los países del Sur, algunos autores no hacen esta diferenciación, sin embargo, para términos prácticos será usada en este texto. (Mochi y Girardo, 2012).


* Maestra en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto de investigaciones Dr. José María Luis Mora.

 

 

Paper: Experiencias de cooperación tras el sismo #7S

En búsqueda de experiencias de cooperación tras el sismo del 7 de septiembre de 2017: el proyecto Taishin

Por: Diana Karina Gómez Gaitán*

Resumen

El sismo del 7 de septiembre impactó fuertemente a Chiapas y Oaxaca dejando a un número importante de personas sin vivienda. Tras identificar los factores que contribuyeron al derrumbe o deterioro de las viviendas el gobierno mexicano examinó diferentes alternativas de reconstrucción. Este artículo retoma la experiencia del Proyecto Taishin en el cual se desarrollaron sistemas constructivos especializados para viviendas populares sismo-resistentes, mismos que podrían ser replicados en México para su reconstrucción.

Palabras clave: Cooperación, Sismo 7 Septiembre, Desarrollo, Proyecto Taishin.

Los sismos son uno de los fenómenos naturales que dependiendo de su magnitud y características conllevan diversas afectaciones desde económicas, políticas, sociales, hasta ambientales en las comunidades y territorios que impactan como lo son la pérdida de vidas, la pérdida de viviendas, escuelas, negocios, caminos, las afectaciones en la biodiversidad, etc. Los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017 han sido la experiencia devastadora más reciente que México ha vivido después del sismo de 8.1° en la escala de Richter registrado el 19 de septiembre de 1985. Con 8.2° de magnitud, Chiapas y Oaxaca fueron los principales estados afectados por el sismo del 7 de septiembre, mientras que un sismo de 7.1° afectó más directamente a la Ciudad de México, Morelos, Estado de México, Puebla y Guerrero el día 19 de ese mismo mes. En términos de afectaciones humanas, el gobierno de México registró 102 víctimas mortales en el primer sismo y 369 para el segundo.

Uno de los agravios más importantes para la calidad de vida de las personas afectadas por los sismos fue la pérdida total o parcial de sus viviendas. En el caso de Chiapas y Oaxaca –los estados más afectados en este rubro- el “Censo de viviendas y acciones para la reconstrucción: transparencia y rendición de cuentas” (2018) publicado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU) informó que hubo afectaciones totales o parciales en 58,366 viviendas en Chiapas y en 63,335 viviendas en Oaxaca. Por lo cual, una vez terminado el proceso de resguardo de la población y el registro de daños era necesario plantear un programa de reconstrucción adecuado para cada situación.

En el caso de Chiapas y Oaxaca la combinación de factores como la autoconstrucción, los materiales utilizados y la antigüedad fueron las causas principales del derrumbe o deterioro de las viviendas. En varios casos las viviendas construidas carecían de una planeación o proyecto arquitectónico y estructural. Con base en ese diagnóstico se consideró importante evaluar una de las experiencias de cooperación técnica en materia de construcción de viviendas sismo-resistentes en la que México participó junto con Japón en El Salvador a partir de los sismos de 2001. El proyecto fue nombrado “Mejoramiento de la Tecnología para la Construcción y Difusión de la Vivienda Popular Sismo-resistente”, mejor conocido como el proyecto Taishin.

En 2001 El Salvador fue severamente afectado por dos sismos, el primero de ellos ocurrió el 13 de enero, mientras que el segundo ocurrió exactamente un mes después. Durante el primer sismo, el mayor impacto fue en la zona central y costera del país; uno de los mayores desastres de ese sismo fue sin duda el alud de tierra en la colonia Las Colinas en Santa Tecla, el cual arrastró consigo alrededor de 200 viviendas y causó el 58% de las 944 muertes registradas. Para el segundo sismo -con epicentro en la zona paracentral del país, caracterizada por una mayor población rural- el mayor número de muertes fue causado por fallas estructurales en las viviendas construidas con adobe[1] y bahareque[2] (SNET, 2004). El saldo de ambos sismos ascendió a 1,259 víctimas mortales y 334,961 viviendas afectadas (MARN, 2013).

Las Colinas, Santa Tecla posterior al sismo del 13 de enero

 

Fuente: Prensa Libre, Hemeroteca PL.

Dentro del análisis realizado por el gobierno salvadoreño posterior a los sismos del 2001 se observó que el 31% del total de las viviendas en el país estaba construido con adobe y bahareque (SNET, 2004); porcentaje que se encontraba mayormente concentrado en la zona paracentral del país. La razón de ello consiste tanto en las características territoriales de las comunidades –son de muy difícil acceso-, la situación económica de la población, la escasa provisión de servicios públicos y la cuestión cultural.

La tierra, el bambú y la madera, al ser materiales de fácil acceso y bajo costo para las comunidades rurales, hacía que la autoconstrucción de viviendas con los mismos fuera y siga siendo una práctica común; por ende, el factor que determinaría la eliminación o reducción del riesgo en las viviendas construidas con esos materiales sería la capacitación técnica. A partir de ello, el gobierno salvadoreño se acercó al gobierno japonés y al mexicano para solicitar un estudio sobre las mejores técnicas de construcción de viviendas de adobe sismo- resistentes.

En el marco del Programa Conjunto de Cooperación México-Japón hacia El Salvador, en 2003 dio inicio la primera etapa del Proyecto Taishin (2003- 2008) con el propósito de “promover tecnologías sismo-resistentes y desarrollar, de forma progresiva, los elementos necesarios para la implementación de estas tecnologías en la construcción de viviendas más seguras, y que éstas puedan mejorar la calidad de vida de las personas más vulnerables afectadas constantemente por fenómenos naturales extremos, como los terremotos” (FUNDASAL, 2013, p. 3). Dentro del proyecto participaron investigadores y especialistas de la Universidad de El Salvador (UES), la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), el Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano (VMDU) y la Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima (FUNDASAL); por parte de Japón participó el Instituto de Investigación sobre construcción BRI del Japón; y por parte de México el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED).

Dentro de la primera etapa del proyecto se estudiaron cuatro sistemas constructivos de vivienda popular: bloque panel, adobe, suelo cemento y bloque concreto. (FUNDASAL, 2013).

Pruebas de sismoresistencia en Universidad de El Salvador

Fuente: propia

Todos ellos se pusieron a prueba en el Laboratorio de Estructuras Grandes (LEG) ubicado en la UCA y en la mesa inclinable en las instalaciones de la UES, esto con el objetivo de medir el comportamiento sísmico de la vivienda bajo diferentes características y construida con diferentes materiales. Con base en los resultados encontrados en esa primera fase, en 2009 dio inicio a una segunda fase que tenía como uno de sus objetivos difundir las normas técnicas establecidas para la construcción de una vivienda de adobe reforzado capaz de resistir movimientos telúricos.

Con la participación y acreditación del Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano de El Salvador se construyeron casas modelo, se difundieron manuales de construcción y se realizaron talleres y seminarios para el sector técnico, académico y comunitario (FUNDASAL, 2013). Las imágenes a continuación muestran dos de los materiales a través de los cuales se difundió la información de la manera más gráfica y con lenguaje lo más sencillo posible.

Ficha técnica y Manual del Sistema Constructivo de adobe reforzado y sismo-resistente

FUNDASAL, que tiene como misión “Potenciar la producción social del hábitat sustentable, a través de la generación de procesos de participación protagónica y organizada de la población empobrecida, para el cumplimiento del derecho humano al hábitat” (2017), ha implementado y difundido este sistema constructivo en diversas comunidades rurales en El Salvador. Su modelo de enseñanza- aprendizaje garantiza la apropiación del proyecto por parte de las personas beneficiarias.

Hasta noviembre de 2017 FUNDASAL informó extraoficialmente haber construido más de 500 viviendas bajo ese sistema. El proceso de construcción de este tipo de vivienda en FUNDASAL se encuentra bajo el Programa Integral de Asentamientos Humanos en el cual no se trata únicamente de la construcción de la vivienda, sino también de la construcción de una comunidad más integral. Antes de iniciar el proyecto de construcción, FUNDASAL entra a la comunidad en donde se va a implementar el proyecto para conocer el entorno inmediato en el que se encuentra, los recursos que tienen a su disposición, las actividades económicas y culturales que se practican y la dinámica al interior de la comunidad. De modo que, al organizar la construcción de la vivienda se trabaja bajo el compromiso de la ayuda mutua, en donde una familia ayuda a construir la vivienda de otra familia y una vez que esa vivienda está terminada se apoya en la construcción de la vivienda de la otra. En la imagen mostrada a continuación se puede observar la construcción de una de esas viviendas detrás de la vivienda de adobe no reforzado.

Estas viviendas cuentan con un solo piso y con tres módulos en su interior (habitaciones). En promedio, una vivienda utiliza alrededor de 2,500 adobes; otro número importante de varas de castilla (bambú) que se utilizan para los refuerzos verticales y horizontales de los muros; piedra para la cimentación; y concreto en menor cantidad.

Cabe mencionar que la asesoría técnica está presente en todo momento hasta que se genera un mecanismo permanente de intervenciones conformado por los mismos miembros de la comunidad que han adquirido el conocimiento en su totalidad. Ello garantiza que el proyecto se pueda seguir replicando sin la necesidad de la presencia de FUNDASAL.

Dado que tanto Chiapas y Oaxaca, así como El Salvador se ubican en una importante región sísmica y buena parte de su población comparte similares técnicas en la autoconstrucción de sus viviendas, evaluar la posibilidad de replicar del proyecto Taishin en ambos estados mexicanos resulta inobjetable. Bajo esa lógica, una delegación mexicana compuesta por miembros de CENAPRED, AMEXCID, FONATUR y SECTUR viajó a El Salvador en noviembre de 2017 en busca de asesoría técnica para integrar una propuesta de diferentes sistemas constructivos de adobe que permitieran una reconstrucción de viviendas seguras para las poblaciones afectadas en el istmo de Tehuantepec.

De acuerdo con lo anunciado por el gobierno mexicano, los propietarios de viviendas afectadas por los sismos recibirían un apoyo a fondo perdido por parte del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) de $15,000.00 MXN por daño parcial y de $120,000.00 MXN por daño total. En el caso del daño parcial se realizaría el pago en una sola exhibición, mientras que para las viviendas con daño total se realizaría el pago en cuatro exhibiciones de las cuales los montos se dividirían en pago en efectivo y pago en materiales de construcción. (Gobierno de la República, 2017) Sin adentrarse en el tema de la entrega de los recursos y el tipo de selección que se realizó para la entrega de los mismos, lo cierto es que la gente con o sin apoyo del gobierno tenderá a autoconstruir su propia vivienda, de manera que instituciones como la SEDATU deberán garantizar la oferta de asistencia técnica adecuada a las necesidades y posibilidades de la población para una reconstrucción segura de sus viviendas.

Bajo el desconocimiento del avance de esta iniciativa para los procesos de reconstrucción de viviendas en ambos estados, es importante rescatar las lecciones que la delegación mexicana aprendió sobre el desarrollo del proyecto Taishin en El Salvador:

  1. Existe la disposición por parte del gobierno salvadoreño, a través del Ministerio de Obras Publicas y el Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Territorial, de ofrecer cooperación técnica a México para la reconstrucción de viviendas sismo-resistentes.
  2. Existen organizaciones como FUNDASAL que cuentan con el expertise en materia de viviendas construidas con materiales naturales.
  3. La construcción de viviendas con materiales como la tierra, el bambú y la paja, pueden ser sumamente resistentes y seguros si se utiliza la técnica adecuada para la producción de los adobes y la construcción de la vivienda.
  4. El proceso de reconstrucción de las viviendas puede generar un fortalecimiento de la cohesión social de las comunidades.
  5. La construcción de viviendas con adobe reforzado mantiene las costumbres y tradiciones de la comunidad, a la vez que garantizan mayor seguridad.
  6. Este tipo de viviendas promueven la sustentabilidad medioambiental al utilizar recursos naturales al alcance de la población.
  7. Por último, pero no menos importante, existe una trasferencia de tecnología que genera capacidades propias de construcción garantizando la construcción de una vivienda adecuada a sus necesidades a la vez que evita la necesidad de contratar a una empresa privada.

 

Referencias:

  1. FUNDASAL (2017), Misión. Recuperado de: https://fundasal.org.sv/mision-vision/
  2. FUNDASAL (julio 2013), La construcción con tierra: una alternativa sustentable para el mejoramiento del hábitat rural y la prevención del mal de changas. Carta Urbana No. 167.
  3. Gobierno de la República (2017), Fuerza México. Recuperado de: https://www.gob.mx/fuerzamexico/
  4. MARN (2013). Cronología de sismos destructivos en El Salvador. Estadística de Registros. Recuperado de: http://www.marn.gob.sv/cronologia-de-sismos-destructivos/ MARN-Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET).
  5. Prensa Libre (2018), Terremotos sacuden El Salvador en febrero de 2001. Recuperado de:  https://www.prensalibre.com/hemeroteca/terremoto-en-el-salvador-2001
  6. SEDATU (13/102017), ¿Sabes cuántas viviendas se vieron afectadas tras los sismos de septiembre?, recuperado de: https://www.gob.mx/sedatu/es/articulos/sabes-cuantas-viviendas-se-vieron-afectadas-tras-los-sismos-de-septiembre?idiom=es
  7. SEDATU (2018), Censo de Viviendas Dañadas por los Sismos del Mes de Septiembre de 2017, recuperado de: http://transparencia.sedatu.gob.mx/
  8. SNET (2004), Sismos en El Salvador 1900-2001: contexto. Recuperado de: http://www.snet.gob.sv/Riesgo/analisis/SISMOSELSALVADORyCA.pdf, Servicio Nacional de Estudios Territoriales, El Salvador.

[1] Bloque sólido de tierra.

[2] Técnica mixta de madera- bambú- tierra.

*Maestra en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto Mora y especialista en Desarrollo Social por la Universidad Nacional Autónoma de México. Líneas de investigación: desarrollo social y cooperación en la región mesoamericana.

Paper: La cooperación horizontal entre Argentina y Haití

La cooperación horizontal entre Argentina y Haití en materia de seguridad alimentaria: el caso del Programa de Autoproducción de Alimentos Frescos (ProHuerta) en Haití

Por: Michelle Ruiz Valdes*

Resumen

El objetivo de este artículo es brindar un marco analítico de la cooperación horizontal que observa la calidad de las relaciones y que da cuenta de su naturaleza intermitente y multinivel a partir de su aplicación a una acción de cooperación en particular. Para este caso, se estudia al Programa de Autoproducción de Alimentos Frescos (ProHuerta) en Haití.[1]

Palabras clave: Cooperación horizontal, Argentina, Haití, Seguridad Alimentaría, Prohuerta.

Una ruta analítica intermitente y multinivel de la cooperación horizontal   

En el marco de la Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) se han realizado esfuerzos, tanto académicos como institucionales, que se han centrado en el análisis de las modalidades de la cooperación, como la Cooperación Norte-Sur (CNS) y la Cooperación Sur-Sur (CSS), para distinguir sus principios orientadores. Mientras que la CNS se asocia con dinámicas verticales, en la CSS se sobreentiende que la horizontalidad es uno de sus principios rectores.

A pesar del sobreentendimiento de la horizontalidad en la CSS, es necesario cuestionar su validez en el mundo de las prácticas y más allá de los discursos, debido a que, también, se pueden presenciar dinámicas de subordinación en esta modalidad de la CID (Pereyra, 2016; Ruiz, 2018). Asimismo, vale la pena reflexionar sobre la manera en que la horizontalidad ha sido estudiada en los procesos de cooperación. En este sentido, la horizontalidad ha sido estudiada, principalmente, en los márgenes de la CSS, pero también se han desarrollado aportes que trascienden lo Sur-Sur. Estos últimos aportes se vinculan con el hecho de que la horizontalidad puede estar presente en otras modalidades de la cooperación, como la CNS (Ruiz, 2018).

La horizontalidad, en los márgenes de la CSS, ha sido entendida como aquellas “relaciones de cooperación que no son verticales, que se establecen voluntariamente y sin condicionalidades ni imposiciones de ningún tipo. Las decisiones se toman por consenso y los actores se articulan para llevar a cabo las actuaciones que son adaptadas a la realidad del socio receptor” (Aguilar, 2015, p. 6). Por su parte, la horizontalidad, en el marco de los abordajes que trascienden lo Sur-Sur, ha sido entendida como “toda relación en la que dos o más actores trabajan de manera conjunta para gestionar acciones que se adaptan a sus realidades y generan beneficios recíprocos” (Ruiz, 2018, p. 20).[2] A continuación se presenta un esquema que da cuenta de los elementos analíticos que forman parte de esta segunda aproximación.

                

Para este artículo, se retoma esta segunda aproximación, la cual fue presentada en la tesis de maestría titulada La cooperación entre Argentina y Haití en materia de seguridad alimentaria, ¿Una experiencia de cooperación horizontal?: El caso del Programa de Autoproducción de Alimentos Frescos (ProHuerta) en Haití (2018), ya que observa la acción conjunta a lo largo de las etapas del ciclo de proyecto (identificación, negociación y formulación, implementación y monitoreo, y evaluación y seguimiento) y, conserva la naturaleza bidireccional de la horizontalidad tanto en la adaptación de las acciones a las realidades de cada uno de los socios como en los resultados que se pueden obtener en términos de desarrollo, fortalecimiento de capacidades, posicionamiento internacional y/o alianzas internacionales.

De igual manera, este referente analítico ofrece la oportunidad de analizar la calidad de las interacciones entre diversos actores independientemente de su nivel de desarrollo o de la modalidad de cooperación. La calidad de las interacciones entre diversos actores, ya sea gubernamentales o no gubernamentales, orienta el pensamiento hacia la mirada multinivel de la cooperación horizontal, debido a que las relaciones se pueden construir en un nivel multilateral, bilateral y/o triangular, así como en un nivel político, institucional-operacional, técnico-operacional y social.

Asimismo, esta aproximación analítica favorece el entendimiento de la cooperación como un proceso en continua construcción y en el que intervienen factores vinculados con lo que sucede al interior de las interacciones (disonancia de enfoques, disponibilidad de recursos y lógicas de actuación) y ligados con situaciones externas o del contexto (desastres naturales, períodos de inestabilidad política y alternancias políticas).

 

Los factores antes mencionados influyen en la continuidad y/o discontinuidad de las interacciones. La discontinuidad referida es observada a través de la intermitencia de la cooperación, la cual es entendida como “aquella cualidad de una relación que se caracteriza por períodos de no interrupción y por etapas que reflejan irregularidades e, inclusive, el cese de las interacciones entre dos o más actores” (Ruiz, 2018, p. 56).

Por último, este marco analítico no es inflexible, al contrario se busca su mejora a través de su aplicación y/o adaptación a otras experiencias de cooperación. Para este caso, la acción de cooperación que exploró su aplicación fue el programa entre Argentina y Haití en materia de seguridad alimentaria mejor conocido como ProHuerta. A continuación, se presentan los hallazgos identificados.

 

 

El Programa de Autoproducción de Alimentos Frescos (ProHuerta) en Haití desde un enfoque de cooperación horizontal  

Los lazos entre Argentina y Haití se caracterizan por sus vínculos no gubernamentales y gubernamentales. Mientras que en los vínculos no gubernamentales se destacan los diálogos entre movimientos populares e instituciones académicas para cuestionar el intervencionismo en Haití, en los segundos, se aprecia la participación de Argentina en la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH)[3] y la firma de convenios y acuerdos, tales como el Acuerdo de Cooperación Científica y Técnica (1980) y el Acuerdo de Cooperación Comercial, Económica y Financiera (1984). Estos marcos han contribuido con los procesos de institucionalización de la cooperación bilateral, asimismo, han ofrecido pautas para entender las relaciones entre estos dos actores a través de la horizontalidad y de los beneficios recíprocos.

La participación de Argentina en la MINUSTAH (2004) dinamizó las relaciones de cooperación entre Argentina y Haití, las cuales se han desarrollado bajo esquemas de vinculación bilateral, pero también triangular y, se han enfocado en temas económicos, de fortalecimiento institucional, de derechos humanos y en materia de seguridad alimentaria. En este último, se ubica al ProHuerta, el cual se caracterizó por ser  una acción de larga duración (2005-2016), característica que no garantizó, en la práctica, la apropiación del programa por parte del gobierno y de las instituciones-operacionales de Haití. De acuerdo con el marco analítico propuesto de cooperación horizontal, el ProHuerta se insertó en un modelo de cooperación horizontal multinivel e intermitente a lo largo del ciclo de proyecto.

Fue multinivel por su composición actoral heterogénea. En la gestión del ProHuerta se involucraron, por etapas, a una diversidad de actores en un nivel político, institucional-operacional, técnico-operacional y social. De igual manera, las interacciones se desarrollaron de manera bilateral y triangular. El contacto con otros actores permitió obtener información de base, establecer comunicación con otras instituciones estratégicas con presencia en Haití y complementar recursos financieros, logísticos, humanos, materiales y técnicos. Esta complementariedad no siempre estuvo adaptada a las realidades del socio receptor (Haití), ya que el Ministerio de Agricultura, Recursos Naturales y Desarrollo Rural (MARNDR) llegó a asumir compromisos que no se adecuaban a sus capacidades financieras.

En este sentido, la complementariedad puede no ser una realidad cuando los actores han establecido objetivos ambiciosos o, bien, cuando se han comprometido con responsabilidades que no coinciden con sus capacidades reales en términos institucionales, financieros, humanos, materiales y logísticos.

A nivel bilateral, se distinguieron los actores siguientes para el caso de Argentina: Embajada de Argentina en Haití, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto (MREC), Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Ministerio de Desarrollo Social (MDS), Ministerio de la Defensa y la Federación de Cooperativas Agropecuarias de San Juan (FECOAGRO). Para el caso de Haití, se apreciaron los actores siguientes: MARNDR, Ministerio de Medio Ambiente (MDE), Direcciones Departamentales Agrícolas (DDAs, por sus siglas en francés), Oficinas Agrícolas Comunales (BACs, por sus siglas en francés),[4] Coordinación Nacional de Seguridad Alimentaria (CNSA), Servicio Nacional de Semillas (SNS), promotores, familias y organizaciones no gubernamentales, tales como, la Asociación de Productores de Hortalizas Orgánicas de Kenscoff (APLOK).

A  nivel triangular, se establecieron vínculos con países (España, Canadá y Japón), organizaciones no gubernamentales y organismos regionales e internacionales: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés), Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Al estudiar al ProHuerta Haití a partir de sus modalidades triangulares, es posible detectar que esta iniciativa de cooperación no sólo se trató de una experiencia de cooperación, sino de varias. Cada una de ellas significó una oportunidad para fortalecer capacidades de cooperación a través de la vinculación con diferentes socios, pero al mismo tiempo, supuso complejidades que afectaron o, bien, interrumpieron su gestión e, inclusive, limitaron la participación rectora tanto del primer oferente (Argentina) como del socio receptor (Haití) y se llegaron a presenciar patrones unilaterales y condicionalidades al momento de utilizar determinados criterios para la realización de evaluaciones. A pesar de la participación de segundos oferentes, este estudio se concentró en aplicar el marco analítico al caso del primer oferente (Argentina) y del socio receptor (Haití). Lo anterior, da pautas para analizar en futuras investigaciones las experiencias ProHuertas en territorio haitiano; ello también, permitiría identificar aquellos factores que contribuyen o inhiben la gestión de la cooperación triangular en el mundo de las prácticas.

En lo que respecta a la cualidad intermitente, se observa que las dimensiones analíticas propuestas de la cooperación horizontal no se presentaron de manera continua en el ciclo del ProHuerta. Las irregularidades mantienen una relación con la estructura de gestión diseñada, con la disonancia de enfoques, las barreas lingüísticas y las alternancias institucionales, así como por factores externos, entre los que destacan las alternancias políticas y los desastres naturales. Es importante mencionar, que la intermitencia debe ser observada tomando en cuenta los niveles de interacción (político, institucional-operacional, técnico-operacional y social).

Para el caso de la primera dimensión (trabajo conjunto), se observó que la participación activa fue limitada tanto para Argentina como para Haití. La ausencia de un punto focal técnico permanente en la Embajada de Argentina en Haití y la traducción de documentos del francés al español dificultaban la toma de decisiones por consenso. El trabajo conjunto, además, se vio entorpecido por las alternancias institucionales argentinas, particularmente en el MDS, en el INTA y en su Embajada.[5]

En el caso de Haití, no existía un interés real por el enfoque del ProHuerta. Mientas que esta iniciativa de cooperación en materia de seguridad alimentaria promovía un enfoque agroecológico, en las instituciones haitianas e, inclusive, en el nivel social persistía un enfoque productivista y de uso de fertilizantes. La disonancia de enfoques y la diversidad de prioridades obstaculizaron la participación activa de las instituciones-operacionales haitianas. Esta participación discontinua, también, fue ocasionada por las lógicas de actuación de terceros actores, como el PNUD, quien operó bajo el criterio de proyectos de implementación directa, esto es, que el PNUD asumió la responsabilidad global de la ejecución (Duval y Berut, 2016).

En lo que respecta al reconocimiento de capacidades, se distinguió una apertura por parte de los técnicos argentinos para reconocer las capacidades y opiniones de sus contrapartes técnicas haitianas, estas opiniones fueron atendidas y evidenciadas al momento de adecuar, conjuntamente, el material didáctico a las realidades haitianas. La adaptación, igualmente, se dio en el sentido de los cursos que se organizaron en Argentina para la capacitación del personal técnico haitiano. Los cursos se llevaron cabo en Tucumán y Santiago del Estero, ambos lugares comparten similitudes con el contexto haitiano. A pesar de estos elementos positivos, se apreció que el ProHuerta no se adecuó, en su totalidad, a las realidades institucionales y humanas de Argentina, así como a las realidades institucionales, financieras, sociales y ambientales de Haití. Con respecto a la falta de una adecuación a las realidades ambientales, se observaron decisiones reactivas y no preventivas.

Finalmente, en términos de beneficios recíprocos, el ProHuerta sirvió como una plataforma para posicionar a la República de Argentina en temas de seguridad alimentaria a nivel internacional, por su parte, para Haití, no significó un cambio de paradigma en la manera de hacer cooperación, puesto que no contribuyó con un desarrollo autónomo.

Conclusiones:

El esquema analítico propuesto para el estudio de la cooperación horizontal “tiene el valor de poder ser trasladado, adaptado o mejorado a otros casos de estudio” (Ruiz, 2018, p. 231). Con respecto a las adecuaciones, valdría la pena cuestionar la pertinencia de abordar a la intermitencia y a la peculiaridad multinivel de la cooperación a través de un concepto que integre ambos fenómenos: la intermitencia multinivel.

Referencias:

Aguilar, C. (2015). Guía orientadora para la gestión de la cooperación triangular en Iberoamérica. El Salvador: Programa Iberoamericano para el Fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur/Secretaría General Iberoamericana.

Duval, L. y Berut, C. (2016). Évaluation à mi-parcours du projet: Élargissement de Pro-Huerta Haïti avec l’UNASUR. Auzeville, Oréade-Brèche.

Pereyra, G. (2016). Modelos de desarrollo y política exterior como trasfondo de la Cooperación Sur-Sur en Argentina y Brasil en el siglo XXI. En G. Lechini y C. Giaccaglia (Eds.), Poderes emergentes y cooperación Sur-Sur. Perspectivas desde el sur global (pp. 71-85). Rosario: Editorial de la Universidad Nacional del Rosario.

Ruiz, M. (2018). La cooperación entre Argentina y Haití en materia de seguridad alimentaria, ¿Una experiencia de cooperación horizontal?: El caso del Programa de Autoproducción de Alimentos Frescos (ProHuerta) en Haití (Tesis inédita de Maestría). Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora: México.

[1] Los hallazgos aquí presentados se desprenden de la tesis de maestría titulada (2018): La cooperación entre Argentina y Haití en materia de seguridad alimentaria, ¿Una experiencia de cooperación horizontal?: El caso del Programa de Autoproducción de Alimentos Frescos (ProHuerta) en Haití.

[2] Este entendimiento se construyó a partir de elementos de algunas teorías de las relaciones internacionales, como el constructivismo social y el neoliberalismo institucional, de la gobernanza, de la sociología y de la pedagogía crítica, esta última al considerar en su análisis al aprendizaje dialógico.

[3] Establecida por la Resolución 1542 (30 de abril de 2004) del CSNU.

[4] “Tanto las Direcciones Departamentales Agrícolas (DDAs) como las Oficinas Agrícolas Comunales (BACs) son estructuras administrativas y técnicas descentralizadas del Ministerio de Agricultura de Haití” (citado en Ruiz, 2018, p. 129).

[5] Las alternancias institucionales, igualmente, se presentaron para el caso de Haití y de algunos segundos oferentes.

Maestra en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora e internacionalista por la Universidad del Valle de México (UVM).

 

Paper: Acciones de la Estrategia de Resiliencia de la CDMX

Acciones de la Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de México en materia de cooperación internacional y resiliencia urbana

Por: María Guadalupe Martínez Hernández*

Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México

Resumen

La cooperación internacional para el desarrollo se lleva a cabo en un contexto en el cual, los países desarrollados ofrecen cooperación técnica y científica a los países subdesarrollados. En los últimos 15 años dicha cooperación ha visto como prioritaria la planeación urbana, especialmente en temas vinculados al desarrollo sostenible y la resiliencia.

La Ciudad de México, al igual que otras ciudades en América Latina, se encuentra expuesta a diferentes tipos de riesgos: ambientales y antropogénicos. Derivado de lo anterior, en el presente texto se abordan algunas de las acciones realizadas a través de la cooperación internacional en materia de resiliencia urbana, enmarcadas en la Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de México; misma que sirve como un instrumento de política pública, ejecutadas por medio de la recién creada Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México.

En el documento se describen los Principios de Resiliencia como parte de la base teórica de la estrategia, para el desarrollo e implementación de proyectos que dan sustento a la política pública. Así como, se presentan tres acciones iniciadas de la Agencia de Resiliencia para mejorar las condiciones de la ciudad ante impactos como sismos y en promoción de la [1] comunitaria.

Palabras clave: Cooperación internacional para el desarrollo, desarrollo urbano, resiliencia urbana, Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de México, Principios de Resiliencia.

Introducción

Alrededor del mundo, la cooperación internacional para el desarrollo ha integrado organizaciones y organismos de la sociedad civil para desplegar acciones más amplias bajo manifestaciones de ayuda humanitaria, formación de recursos humanos, cooperación técnica y científica (Fischer, 2014, pág. 32). En el marco de la cooperación  internacional, es de gran importancia alcanzar metas de desarrollo ante los retos económicos, sociales y ambientales contemporáneos que se viven a nivel global (AGCID, 2018).

A principios del nuevo milenio la Organización de Naciones Unidas (ONU) efectuó algunos encuentros y estudios tendientes a generar debates y consensos en torno a nuevas directrices del desarrollo los cuales derivaron en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que cumplieron su periodo de realización al año 2015. Al finalizar dicho periodo se pone en marcha una nueva agenda  transformadora, la cual se denominó: Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible– Agenda 2030- (Prado, 2014). En México, la cooperación internacional para el desarrollo se gestiona a través de la Agencia Mexicana de Cooperación para el Desarrollo (AMEXCID) y la Coordinación General de Asuntos Internacionales de la Ciudad de México (CGAI).

En la actualidad, la construcción de resiliencia urbana en las ciudades es una de las directrices para el diseño de políticas públicas, ya que en las urbes se presentan diversos impactos y tensiones[1] que generan desequilibrios en los diferentes sistemas que confluyen dentro de esta. Por estas razones, la introducción de mejores prácticas que se llevan a cabo en otros países, funcionan como un mecanismo de cooperación técnica que influye de manera positiva para mejorar las condiciones de la población, medio ambiente, economía y como mecanismo de fortalecimiento institucional dentro las ciudades.

La Ciudad de México es una de las ciudades más pobladas del mundo con diversos problemas de naturaleza hídrica y de planeación urbana, por lo cual su importancia a nivel nacional y mundial requiere de una constante renovación de sus programas y procedimientos para fomentar una mayor resiliencia urbana. En ese sentido, la Ciudad de México cuenta con la Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de México que fue elaborada con la colaboración de la organización 100 Ciudades Resilientes (100RC)[2].

A nivel operativo, es el Gobierno de la Ciudad de México a través de la Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México, la instancia encargada de ejecutar las acciones propuestas dentro de dicha estrategia. La agencia fue institucionalizada como parte del gobierno local el 11 de septiembre de 2017, y tiene como objetivo: coordinar la colaboración entre las dependencias, órganos desconcentrados, político-administrativos y entidades de la administración pública de la Ciudad de México que tengan a su cargo diseño, ejecución de políticas, programas y acciones que contribuyan a la construcción de resiliencia. Dentro de sus facultades se puede incorporar la cooperación de manera técnica y científica a partir de instituciones internacionales, universidades, gobiernos locales, etc.

A partir de estas ideas, este escrito expone la vinculación de la cooperación internacional y la resiliencia urbana en el mediano y largo plazo, desarrollados a través de la Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México.

Principios de resiliencia urbana y ejes prioritarios integrados en la Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de México

Los Principios de resiliencia urbana son siete cualidades basadas en el Marco Conceptual de Resiliencia Urbana, estos deben incluir a los grupos más vulnerables, integrarse con esfuerzos continuos, bajo enfoques cualitativos y cuantitativos innovadores y actualizados, con múltiples iniciativas y flexibilidad para adaptarse garantizar la capacidad para abordar distintas necesidades de resiliencia (SEDEMA, 100RC, & ORCDMX, 2016, págs. 45-47).

La resiliencia debe ser inclusiva al tener una colaboración colectiva y cocreativa que incluya a los grupos vulnerables. Al ser sólida tiene como finalidad integrar enfoques cuantitativos y cualitativos que son comúnmente aceptados. Debe ser también ingeniosa ya que requiere de innovación para superar la restricción de los recursos dentro de la ciudad. Le concierne contar con flexibilidad y tener compatibilidad para adaptarse a eventos y cambios imprevistos que puedan surgir, así como estar integrada para gestionar la relación e interdependencias entre iniciativas y en los riesgos a abordar. La redundancia consiste en contar con múltiples iniciativas para garantizar el abordaje de las diversas necesidades de resiliencia. También debe ser reflexiva al estar en constante evolución que permita a las ciudades tomar decisiones basadas en experiencias y en tiempo real (Ibídem, 2016).

Figura 1. Principios de Resiliencia. Elaborado con base en Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de México (2016).

La Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México y la cooperación internacional

A raíz del sismo ocurrido el 19 de septiembre de 2017, el cual impactó de manera severa a los diferentes sistemas de la Ciudad de México, se decidió utilizar cooperación internacional con el objetivo de intercambiar conocimientos y experiencias, además de conocer mejores prácticas, entre ciudades que han enfrentado eventos sísmicos similares. Lo anterior se llevó a cabo en colaboración con 100 Ciudades Resilientes y el Gobierno de la ciudad de México, a través la Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México. En la actualidad, se tienen tres proyectos en los cuales hay una conjunta entre los entes antes mencionados que además incorporan a su vez a diferentes instituciones internacionales, sector privado, academia y de manera preferencial a la comunidad, lo anterior con la finalidad de fortalecer aspectos como la recuperación post-sismo en una escala barrial. A continuación, se explican de manera detallada dichos proyectos:

 

  • Seminario internacional: Construcción de resiliencia sísmica

En materia de intercambio de conocimiento, se realizó un seminario internacional del 12 al 15 de marzo de 2018 para conocer y explotar iniciativas de construcción de resiliencia sísmica en las ciudades y en los diferentes sistemas que la conforman, aplicando enfoques de mitigación, preparación, respuesta y reconstrucción. Las ciudades invitadas de la red de 100RC fueron: Cali, Christchurch, Colima, Kioto, Los Ángeles, Quito, San Francisco, Vancouver y Wellington, logrando también una colaboración con otros socios de la plataforma de 100RC, miembros del sector público, académico, así como organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro. Como resultado de este intercambio se llegaron a acuerdos para el avance en tres temas críticos:

  1. Plan para la infraestructura hídrica ante riesgo sísmico
  2. Programa para la vivienda resiliente enfocado a comunidades vulnerables
  3. Protocolos y estrategias para fomentar la participación de la respuesta ciudadana organizada (SEDEMA, ARCDMX, & 100RC, 2018, págs. 44-47).

 

  • Ciudadanía preparada: Intercambios entre CDMX y San Francisco, California

A partir del Seminario Construyendo Resiliencia Sísmica, se firmó el Acuerdo para Fomento de Resiliencia en comunidades entre San Francisco, Los Ángeles y la Ciudad de México. En tal acuerdo, los gobiernos locales se comprometen a desarrollar un programa de formación y capacitación en el campo de resiliencia a nivel comunitario. Dentro del programa se pretende abordar los temas de organización, respuesta ciudadana y colaboración entre el gobierno y la sociedad civil. La metodología utilizada fue la impartición de talleres a colonias de las alcaldías de Álvaro Obregón, Cuauhtémoc, Iztapalapa y Tláhuac para dar a conocer experiencias, acciones y principios básicos utilizados en las experiencias de las ciudades de San Francisco y los Ángeles en relación con la construcción de resiliencia sísmica comunitaria.  Los resultados esperados para dicho proyecto consisten en fortalecer las capacidades de resiliencia en las comunidades seleccionadas: Tlapechico en la Alcaldía Álvaro Obregón, Doctores en Cuauhtémoc, Del Mar en Tláhuac y la Unidad Habitacional Ermita Zaragoza en Iztapalapa[3] (Ibídem, 2018, págs. 48-49)

  • Cooperación México-Chile en gestión de riesgo en laderas

El Acuerdo de asociación estratégica entre los Estados Unidos Mexicanos y la República de Chile se acordó la creación de un Fondo de Cooperación para financiar la ejecución de proyectos y acciones bilaterales para el desarrollo, motivo por el cual, se aprobó el proyecto “Hacia una comunidad resiliente: Estrategias de gestión de riesgos y vulnerabilidades urbanas en laderas en la Ciudad de México y Santiago”. Dicho proyecto busca fortalecer la resiliencia en las comunidades de ambas ciudades que se encuentran en riesgo por el deslizamiento de laderas, aluviones y desprendimientos. El propósito es reducir el impacto sobre las comunidades y la ciudad, ya que estos repercuten en la pérdida de viviendas, equipamiento urbano y afectación de infraestructuras. Para este proyecto se tiene previsto desarrollo de material cartográfico, geoespacial y análisis catastral del Peñón del Marqués, así como la elaboración de una cartera de acciones que incluya propuestas y alternativas de intervenciones urbanas y de paisaje (Ibídem, 2018, págs. 50-51).

Conclusiones

Las ciudades son núcleos territoriales de gran importancia a nivel mundial los cuáles necesitan de planeación e implementación de acciones que mejoren su crecimiento y desarrollo en diferentes ámbitos. En la actualidad, el tópico resiliencia urbana goza de relevancia al ser un tema innovador que busca generar capacidades adaptativas tanto en la población como en los diferentes sistemas que son parte de una ciudad.  Dado que las ciudades en el mundo tienen diversas asimetrías relacionadas con su historia, cultura, política, economía, etc., estas pueden realizar intercambios con otras ciudades para compartir políticas que han tenido un impacto positivo en los países a los que pertenecen y que por lo tanto podrían funcionar en otras ciudades.

Con base en lo anterior, la cooperación internacional juega un papel muy importante para mejorar las condiciones de las ciudades, ya que la fraternidad y disposición de compartir mejores prácticas fomenta la prosperidad de estas especialmente ante eventos de alto impacto como los desastres naturales. Por estas razones, la Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México ha establecido lazos importantes a nivel internacional con diferentes organizaciones públicas y privadas, así como los gobiernos estatales y municipales, en especial de Estados Unidos, con el objetivo de promover avances en el contexto de ciudad resiliente, especialmente en la coyuntura post-sismo que vive la Ciudad de México. A partir de estas relaciones se encuentran en curso tres proyectos para mejorar la resiliencia a nivel comunitario ya que esta escala es necesaria la intervención de políticas públicas. El desarrollo de estas acciones de resiliencia se ha llevado a cabo durante el transcurso del presente año y los resultados podrán visualizarse en el mediano y largo plazo, una vez que se evalúen.

Referencias

AGCID. (20 de Agosto de 2018). Obtenido de Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo: https://www.agci.cl/index.php/glosario/171-c/256-cooperacion-bilateral-y-bimultilateral

AGCID. (20 de Agosto de 2018). Obtenido de Agencia Chilena de Cooperación Internacional para el Desarrollo: https://www.agci.cl/index.php/que-es-la-cooperacion

AMEXCID. (20 de Agosto de 2018). Obtenido de Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo: https://www.gob.mx/amexcid/que-hacemos

Diccionario de Cooperación Humanitaria y Cooperación al Desarrollo. (21 de Agosto de 2018). Obtenido de http://www.dicc.hegoa.ehu.es/listar/mostrar/41

Fischer, B. F. (2014). Breve Historia de la Cooperación Internacional en México (1900-2000). Revista Mexicana de Política Exterior, 52.

Naciones Unidas. (20 de Agosto de 2018). Obtenido de http://www.un.org/es/about-un/

Naciones Unidas. (21 de Agosto de 2018). Obtenido de http://www.un.org/es/charter-united-nations/index.html

Naciones Unidas. (21 de Agosto de 2018). Obtenido de http://www.un.org/es/millenniumgoals/

Prado, J. P. (2014). México y la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Acciones, contribuciones y propuestas. Puebla: Piso 15 Editores.

SEDEMA, & 100RC, O. (2016). Estrategia de Resiliencia de la Ciudad de México. México.

 

SEDEMA, ARCDMX, & 100RC. (2018). Aprender del sismo para ser más resilientes. Colaboración entre el Gobierno de la Ciudad de México y el Programa 100 Ciudades Resilientes de la Fundación Rockefeller. México.

[1] De acuerdo con 100 Ciudades Resilientes (100RC) resiliencia se refiere a la capacidad de supervivencia, adaptación y crecimiento de los individuos, comunidades, empresas y sistemas que interactúan dentro de una ciudad sin importar el tipo de tensiones crónica e impactos agudos que estos experimenten” (100 Ciudades Resilientes).

 

[2] Ver en línea: https://www.resiliencia.cdmx.gob.mx/estrategia-de-resiliencia-cdmx

[3] Las comunidades antes mencionadas fueron seleccionadas ya que se encuentran expuestas a diferentes riesgos como sismos, deslaves e inundaciones.

* Jefatura de Unidad Departamental de Investigación. Agencia de Resiliencia de la Ciudad de México.

 

P4.3

Paper: La CID con enfoque psicosocial.

La cooperación internacional para el desarrollo con enfoque psicosocial. El caso de familiares de migrantes desaparecidos y migrantes retornados con discapacidad física en Honduras.

Por: Paola Andrea Acosta Hernández*

Resumen
La complejidad del mundo actual junto a las condiciones sociales, económicas, políticas, culturales adversas que se presentan día con día han fomentado el incremento de la migración de las personas. La migración trae muchas consecuencias no sólo para quienes la ejercen sino también para la comunidad receptora, para la familia del migrante, para las autoridades y para otros muchos actores de lo internacional que cada vez buscan incidir positivamente ante un fenómeno que no se puede controlar para así, garantizar la integridad en todo sentido de quienes tienen necesidad de abandonar su lugar de origen. Este artículo se enfoca a la asociación Médicos del Mundo y su actuar mediante la cooperación internacional para asistir a los migrantes en su camino hacia una vida mejor.

Paper: Cooperación Internacional y Seguridad Alimentaria y Nutricional

“De México a Nicaragua. Cooperación Internacional y Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN): Estudio de caso del proyecto Amaranto (FCAPPCCA), 2010-2015”.

Por: Maria de los Angeles Blandón Salinas *

 

Resumen

En el actual escenario mundial la Cooperación Internacional para el Desarrollo ha evolucionado propiciando un nuevo mecanismo de ayuda donde los países del sur son los protagonistas. En este contexto, en la región Centroamérica, la política exterior de la Cooperación Internacional Mexicana ha impulsado la Cooperación Sur-Sur como una nueva herramienta para dar respuesta a las problemáticas comunes y propiciar el camino hacia el anhelado Desarrollo, conformándose alianzas políticas para defender intereses comunes y aprovechar las oportunidades de una inserción en el sistema de la ayuda internacional, siendo Nicaragua un ejemplo particularmente muy cercano con México. Para ello se hizo una investigación titulada: “De México a Nicaragua. Cooperación internacional y Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN): Estudio de caso del proyecto Amaranto (FCAPPCCA), 2010-2015”.

Como parte de los antecedentes se hace mención que el 27 y 28 de mayo de 2010 se llevó a cabo, en la ciudad de Managua, Nicaragua, la V Reunión de la Comisión Binacional México-Nicaragua. Como parte del Programa de cooperación se aprobó el Proyecto “Fortalecimiento de las capacidades agroindustriales pre y pos cosecha del cultivo del Amaranto, 2010-2015 (FCAPPCCA)” en materia de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) en la comunidad La Tejana de Chinandega, Nicaragua. Actualmente, el tema de (SAN) continúa vigente dentro de las temáticas de la agenda nacional nicaragüense y de la Cooperación Internacional mexicana.

Palabras clave: Cooperación Internacional al Desarrollo, Cooperación Sur-Sur, Cooperación Tradicional Norte- Sur, Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN).

Proyecto de Cooperación Sur-Sur

La llamada Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN)[1] en el mundo, ha marcado el inicio de una era vinculada al seguimiento de la visión de un mundo sin hambre y sin desnutrición, trastocando el actual papel de la Cooperación Internacional y sus proyectos para el Desarrollo.

En el marco de esa reconfiguración internacional, la Cooperación Internacional para el Desarrollo (CID) ha optado por nuevas modalidades como la reciente Cooperación Sur-Sur (CSS), “que está basada en relaciones directas y horizontales entre países que enfrentan problemas comunes y que tienen como propósito superar a partir de esfuerzos conjuntos los desafíos del desarrollo que fueron vinculados a una Cooperación Tradicional Norte-Sur (C/T N-S)” (Ayllón,2007, p.88).

Con base en esa definición, la llamada Cooperación Sur-Sur (CSS) y su proceso de aprendizaje ha conllevado un sentido crítico para mejorar su proceder en el Sistema Internacional. En ese contexto, el motivo del presente e-paper es abordar el caso de la Cooperación Sur-Sur mexicana como el continuum de la cooperación tradicional Norte- Sur, a pesar de que en el discurso se expresa la implementación de una Cooperación más horizontal y de beneficio mutuo. Asimismo, analizar el rol que ha tenido el eje de la Cooperación Internacional mexicana dirigida a la región Centroamericana, en países como el caso de Nicaragua,  con la temática de Seguridad Alimentaria y Nutricional a través de un estudio de caso: “Proyecto fortalecimiento de las capacidades agroindustriales pre y pos cosecha del cultivo Amaranto (FCAPPCCA), 2010-2015”, con el fin de observar: aspectos de mejora en términos de resultados, continuidad y sobre todo de eficacia de la Cooperación mexicana en su carácter de cooperante dual.

La Cooperación Sur-Sur del caso mexicano, ¿es el continuum de la Cooperación Tradicional Norte- Sur?

El escenario internacional actual demuestra que han surgido nuevas modalidades de cooperación más allá de la llamada Cooperación Tradicional Norte-Sur (CT Norte-Sur). Históricamente la CT Norte-Sur fue considerada como aquella que se realizaba de un país desarrollado hacia otro país en vías de desarrollo o con menor nivel de desarrollo (Bracho, 2014, pp. 89-113). Este tipo de modalidad estaba basada en la importancia del conocimiento que podían aportar los llamados países desarrollados a los países menos desarrollados en temas de: experiencia, transferencia de conocimientos, no injerencia política, el respeto a terceros, lecciones aprendidas, prácticas significativas, uso de tecnología, etc. En ese contexto, los donantes operaban con amplios márgenes de discrecionalidad en la medida en que, aún existiendo marcos jurídicos vinculantes que regulasen y obligasen a cumplir los compromisos de ayuda, no se cumplían de manera obligatoria, distorsionando la naturaleza, objetivos y/ o cometidos de la CID[2].

Años más tarde, surgiría la Cooperación Sur-Sur (CSS) para encaminar los procesos de independencia y desarrollo de los países del Sur (Ayllón, 2007, p.22) la cual fue conceptualizada como aquella modalidad de cooperar entre un país en desarrollo y con otro país menos desarrollo, pero cuyas relaciones serían más de carácter horizontal acreditada por el apoyo mutuo con el fin de compartir conocimientos, experiencias y hasta recursos financieros y promover el desarrollo en sus distintas esferas (Ayllón, 2007, p.5). Sin embargo, en nuestros días se afirma que la demarcación de la línea fronteriza entre la Cooperación Tradicional CT Norte-Sur y la CSS se ha ido desvaneciendo, siendo el poder de la cooperación internacional de los países del  Norte aún persiste y ha incluido acciones que dejan al descubierto que en la inmensa mayoría de los países del Sur y con el papel de una Cooperación Sur-Sur se sufre de un poder viciado y manipulado por los Estados más poderosos que incluye irónicamente principios normativos como: “el respeto de la soberanía, la asociación de colaboración entre iguales; no condicionalidad; la no injerencia en los asuntos internos; beneficio mutuo y principios operativos: rendición mutua de cuentas, transparencia y coordinación  de  resultados” (ONU, 2012, pp. 7-8).  Surgiendo la incógnita: ¿Acaso la Cooperación Sur-Sur en el caso mexicano es aún el continuum o la réplica de las características de la Cooperación Tradicional Norte- Sur?

Desde un punto de vista, esta interrogante es una tarea compleja para responder, ya que se argumenta que la Cooperación Sur-Sur mexicana, a pesar de ser una modalidad más horizontal en el contexto de la llamada Eficacia de la Ayuda, se ha concentrado en una asistencia técnica respondiendo a la rigurosidad de la agenda de la eficacia, del triple mandato (Adaptar, Enriquecer e Identificar) del Programa de Acción de Accra (art. 19e del PAA)[3] pero reproduciendo así, las prácticas de la Cooperación Tradicional (CT Norte-Sur): relaciones asimétricas, ayuda atada, priorización de intereses, corriendo el peligro de caer en el papel de los países “del Norte” que no quieren perder su protagonismo en el Desarrollo.

La premisa anterior, resulta bastante interesante pues, lejos de llevar a una posición pesimista de la Cooperación Sur-Sur, sirve de estímulo para estudiar la Cooperación mexicana a través del siguiente estudio de caso, y así, analizar el papel de la eficacia de la Cooperación Internacional de México.

Cooperación Internacional Mexicana hacia Nicaragua en materia de Seguridad Alimentaria: Caso del Proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales Pre y Pos Cosecha del cultivo del Amaranto 2010-2015.

Los estudios de caso sobre los proyectos de la CID se han convertido en una práctica en el aprendizaje y mejoramiento de la eficacia, ya que generan un conocimiento que aprecia la realidad de los proyectos de Cooperación para el Desarrollo sin llegar a una evaluación propiamente dicha.

En ese ámbito, casos como el proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales Pre y Pos Cosecha del Cultivo del Amaranto en Nicaragua 2010-2015, en un momento estuvo dotado del siguiente cuestionamiento complejo: ¿Por qué la Cooperación Internacional mexicana en Nicaragua en materia de SAN a través del estudio de caso del proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales pre y pos cosecha del cultivo del Amaranto (FCAPPCCA), ha sido parcialmente eficaz en la comunidad La Tejana de Chinandega, Nicaragua?

El proyecto nació en 2010 en el marco de la V Reunión Binacional México-Nicaragua. Para el estudio de caso, la zona de intervención era la comunidad La Tejana, geográficamente considerada la más grande en la costa del Pacífico con una superficie de 1,308 km2:

Mapa 01: División Política y Administrativa de Nicaragua

En el tema del relieve, la zona estaba comprendido por una fila volcánica, erosionada, frágil y poco factible, por un lado, para la inversión de capital extranjero en una iniciativa de cooperación, así como para la introducción por primera vez de un cultivo como el Amaranto. El Amaranto era considerado como una de las principales plantas alimenticias que formó parte de la vida ritual de los indígenas de esa zona (López, 2007, pp. 3-29). Llamado huauhtli en náhuatl, ahparie en purépecha, tez o xtes en maya, wa’ve para los wixáricas o guegui en rarámuri, contenía altas propiedades en lisina clasificada como pseudocereal. Sin embargo, la ventaja de este cultivo es que era adaptable a suelos rocosos y frágiles lo que permitiría insertarse en un ámbito tan vulnerable como el suelo nicaragüense. He ahí la propuesta muy concreta y acertada de México en introducir el proyecto del Amaranto. (Velasco & Villela,2018, p. 21.).

Por otro lado, según López Acotto y Villapando (2008), en el contexto del Proyecto Fortalecimiento de las Capacidades Agroindustriales Pre y Pos Cosecha del Cultivo del Amaranto el aparato estatal era sumamente frágil para mejorar las condiciones de vida de su población, por lo que la Cooperación Internacional mexicana respondía a las necesidades presentadas por Nicaragua y por medio de una colaboración solidaria y de complementación mutua que se ofrece a los países receptores. No obstante, entre una de sus lineamientos el diseño del proyecto carecía de un diagnóstico previo que reconociera una Eficacia comunitaria y no una Eficacia gubernamental basada en la gestión de resultados.

Para el análisis del papel de la Cooperación Internacional para el Desarrollo mexicana en el proyecto (FCAPPCCA) Amaranto se abordó por medio de una Matriz FODA. Utilizamos esta metodología del Análisis FODA/ DAFO o bien SWOT Matrix, (por sus siglas en inglés), por ser una metodología que permite analizar un proyecto en base a sus Debilidades, Fortalezas Amenazas y Oportunidades para la toma de decisiones. Asimismo, en los últimos años, esta metodología ha sido considerada como una herramienta por excelencia para saber en qué fue/es bueno un proyecto de CIPD, que tuvo/tiene que mejorar y cuáles acciones debían/deben llevarse a cabo de manera más clara y organizada. En el caso que nos ocupa, se usó con el fin de demostrar cómo en algunos casos se puede adoptar este Análisis FODA como alternativa para estimar el éxito o el fracaso de una intervención, sin la necesidad de llegar a una evaluación propiamente dicha. (véase gráfico No. 1)

Gráfico No.1 Dinámica de la Matriz FODA

Fuente: Elaboración propia con información sobre ANALISIS DAFO O FODA 2017.

Para ello, se desplego cada una de las secciones internas y externas, para ser entrelazadas posteriormente con los otros campos, dando como resultado que el proyecto efectivamente nació teniendo como base un diálogo político, concentrado en la operatividad de las actividades, en la gestión de resultados y en el llenado del formato de presentación de proyectos  de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), a fin de generar una mayor transparencia de los fondos y rendición de cuentas, lo que produjo un primer análisis sobre la Cooperación Internacional mexicana en Nicaragua.

Con ello, el proyecto Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) a través del estudio de caso del proyecto Amaranto resulto parcialmente eficaz, porque efectivamente se comprobó que al haber una falta de un diagnóstico previo que identificase las necesidades y áreas de oportunidad, que a la larga favoreciera la apropiación local una vez finalizado el proyecto y un trasfondo de un significante vacío en la concepción de la eficacia a nivel comunitario persistiendo un comportamiento de una Cooperación Tradicional Norte-Sur en términos de una ayuda internacional condicionada o atada.

El FODA también evidenció que el proyecto tuvo asimismo otros puntos relevantes como el desarrollo del enfoque de género y la comercialización del Amaranto a pequeña escala con el productor local. La comercialización, como es un tema colindante en este proyecto, por lo cual, es importante reflexionar que fue un resultado indirecto de un proyecto asistencialista que, en la mayoría de los casos, la cadena productiva de productores locales no está preparada para incursionar en el ámbito del comercio.

Actualmente, el caso no refleja un interés por ninguna de las partes involucradas en continuar con este tipo de iniciativa a pesar de que se encontró como parte de la investigación un FODA con diez Fortalezas, tres Oportunidades, seis Debilidades y cuatro Amenazas. De ahí la importancia de remarcar que el estudio de caso estuvo bajo la modalidad de la Cooperación Tradicional Norte- Sur Mexicana y no en una Cooperación Sur-Sur, puesto que a veces la Cooperación Sur-Sur ignora los intereses de la política exterior que en muchas ocasiones persisten, ya que resulta difícil comprender la ayuda otorgada por México por ciertos momentos y la buena voluntad de Nicaragua de recibirla, sin el trasfondo de algún tipo de interés que cambia de un sexenio de mandato a otro sexenio. Lo anterior, especialmente, puede apreciarse en el contenido de los acuerdos de cooperación suscritos con México basados en mejorar un intercambio económico y que ha limitado el papel de la Cooperación Internacional mexicana y su eficacia.

Conclusión

La Cooperación Internacional de México a la región Centroamericana como el caso nicaragüense es considerada como una modalidad específica del sistema de la Cooperación Internacional, cuyo principal objetivo, es compartir experiencias exitosas que han sido implementadas para dar tratamiento a análogos problemas de Desarrollo.

A nivel de estudio del caso y de la investigación el Proyecto Alimentario Pre-Pos Cosecha Amaranto en materia de Seguridad Alimentaria y Nutricional se analizó que los resultados fueron en parte satisfactorios en la producción de un alimento de alto nivel nutricional que generó un alivio en la dramática situación alimentaria en Nicaragua; aunque es importante destacar que, los protagonistas locales nicaragüenses no fueron los autores de su propio desarrollo local, pues hubo una carencia de un diagnóstico previo y la apropiación del concepto de eficacia comunitaria.

Actualmente, la situación nacional de producción del Amaranto en el sector primario nicaragüense representa un reto, pues el cultivo del Amaranto tiene que ser re-introducido nuevamente a nivel local para luego generar una estrategia que pueda ayudar a combatir el hambre y la desnutrición de los sectores menos favorecidos, gracias a la alta adaptabilidad y composición nutricional de dicho cultivo.

En lo que respecta a la Cooperación Internacional mexicana es posible concluir que muchas veces en la práctica no responde a los principios fundamentales de Cooperación Sur-Sur, de manera que corre peligro de caer en el mismo esquema de la Cooperación Tradicional Norte-Sur, lo que condiciona la atención en aspectos como: la planeación de sus proyectos, su eficacia, su sostenibilidad en el tiempo y la rendición de cuentas.

Bibliografía

Ayllón, Bruno. (2007). La cooperación internacional para el desarrollo: fundamentos y justificaciones en la perspectiva de las teorías de las Relaciones Internacionales” en Carta Internacional. San Pablo, Núcleo de Pesquisa en Relaciones Internacionales de Universidad de Sao Paulo.

Bracho, G. (2014). La cooperación al desarrollo en transición: el reto de los cooperantes del Sur. Revista Mexicana de Política Exterior. núm.102 (pp. 89-113).

López Austin (2007). “Religión y magia en el ciclo de las fiestas aztecas”, en Religión, mitología y magia, México, MNA, n. 2, pp. 3-29.

López Accotto, A. y Villapando, F. (2008). Nicaragua: Notas sobre su economía y Cooperación Internacional para el Desarrollo, FLACSO, Managua.

Oficina de las Naciones Unidas (ONU,2012), Marco de directrices operacionales para el apoyo de las Naciones Unidas a la cooperación Sur-Sur y la cooperación triangular, Recuperado el 26/01/16 de http://digitallibrary.un.org/record/763924/files/DP_CF_SSC_5-ES.pdf págs. 7-8.

Programa de Acción de Accra (art. 19e del PAA) APA style: Electronic references. Recuperado de: https://www.accrahlf.net/

PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), (1994). Informe sobre desarrollo humano 1994: Nuevas dimensiones de la seguridad humana, Fondo de Cultura Económica, México, pág. 28

Velasco Ana María y Villela Samuel. (2018). El amaranto, Arqueología Mexicana, núm. 138, p. 21.

[1] Entendida como aquella que abarca el nivel de individuo, hogar, nación; y que se consigue cuando todas las personas, en todo momento, tienen acceso físico y económico a suficiente alimento, seguro y nutritivo para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, (1994). Informe sobre desarrollo humano 1994: Nuevas dimensiones de la seguridad humana, Fondo de Cultura Económica, México, pág. 28

[2] Cooperación Internacional para el Desarrollo

[3] Programa de Acción de Accra (art. 19e del PAA) APA style: Electronic references. Recuperado de: https://www.accrahlf.net/


*  Es licenciada en Derecho y Notariado Público por la Facultad de Humanidades de la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) y Maestra en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Ha participado en varios cursos, talleres y diplomados, entre los cuales se encuentra: La Cooperación Procesal Internacional, la participación de la Sociedad Civil Mexicana en la Agenda 2030 y la Cooperación Descentralizada de los Gobiernos Locales. Correo electrónico: angeles2013@gmail.com